RÉQUIEM Y OTROS ESCRITOS
Anna Ajmátova
Editorial Galaxia Gutemberg-Círculo de lectores
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DESCARNADA Y ESREMECEDORA se hace la posibilidad de imaginarnos cómo podía sobrevivir un escritor, escultor, artista en ciernes o principiante de pincel y medio (que careciera del menor apego por los burdos trazos artísticos del régimen), en la oscura Rusia comunista. Cuando machacaron a la Ajmátova (1889-1966), y junto con ella a su familia, las letras rusas se resintieron duramente. Pero los cánones eran los cánones, Lenin no entendía una literatura que no se plegara a los dictados del "director de los dictados" y así, a fuerza de dictados, se movía el régimen totalitario, sin dar respiro a los que buscaban oxígeno en otros pastos. A pesar de la persecución y de que la totalidad de sus obras formó parte del índice de los apestados (1924), Anna Ajmátova no se marchó de su tierra, su formación y crianza habían bebido de su Moscú natal y a sus gentes debía consagrarse. "Junto a mi pueblo permanecí estos años, donde la gente padeció su desdicha". Y en las páginas de Réquiem, va soltando con cuentagotas las miserias de su entorno y el dolor desencajado de los rostros, "esto sucedió en tiempos en que sólo los muertos sonreían". A pesar del ultraje de una vida preparada para la desdicha, la escritora rusa no abandonó nunca la esperanza, la esperanza en la posibilidad del hombre de construir la bondad y la belleza, y la esperanza en un Dios que se encuentra al filo de lo cotidiano, doliente. "Te llevaron al amanecer, fui tras de ti como quien despide un cadáver. Lloraban los niños en la estancia oscura y humeaba la vela bajo el icono". Cuando Stalin cumple 70 años, Anna escribe el "ciclo dedicado a Stalin", unos versos en honor al tirano. ¿Por qué? Por su hijo, para que la bota del tirano no le pisara la frente una vez que lo detuvieron en el 49 y lo internaran en un campo de trabajo correccional. "Hace diecisiete años que grito llamándote a casa. Me he arrojado a los pies del verdugo, por ti, hijo mío, horror mío. Todo ha perdido sus contornos, y ya soy incapaz de distinguir a la fiera del hombre, al hombre de la fiera, ni sé cuántos días faltan para la ejecución".
Lo primero para leer a esta espléndida escritora, estómago, y lo segundo, no perder esa intensidad narrativa que no ceja y se cuela
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