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Pilar Urbano.- No creo que el libro tenga ese tono, de hecho casi no hay narrador en el libro, te desafío a que encuentres algún adjetivo que digo a Garzón. No existen, se califica a la noche, a los perros, a los malnacidos de ETA, pero no hay tono laudatorio. Lo que pasa es que los hechos le dejan muy bien. El libro lo pensé mucho, y decidí hacerle narrador, usar el recurso literario de poner en primera persona distintas situaciones. Además, Garzón no es un héroe es un funcionario que funciona, es un simple juez, que no tiene más sometimientos que los que hay que tener, la ley y su conciencia, nada más. Un hombre libre. Un hombre que cuando tiene que estar de guarda lo está. Lo malo es que hay mucho mediocre que no cumple con su deber, como en El rinoceronte de Ionesco, donde el héroe es el que cumple con su deber. Pero yo no pretendo ni hacerle un héroe ni mucho menos santificarlo. C.- ¿No te pasaste tres pueblos cuando dijiste en la presentación del libro que habías escrito "el hombre que veía a amanecer" en pasado porque pensabas que a Garzón lo iban a matar pronto? PU.- No creo que me pasara, era una hipótesis posible y probable. Hay una bala que lleva su nombre. Yo sé que mientras hacíamos el libro le avisaron de dos atentados y tuvo que cambiar sus planes. Frente al despacho de la Audiencia Nacional de Génova, dos terroristas de ETA habían localizado un piso desde donde le iban a disparar. Y eso paso al finalizar el libro, en el otoño del 2000. Pero él ya está acostumbrado, le han entrado en su casa, le han puesto una piel de plátano en la cama, le han enviado mensajes de todo tipo... Es un hombre que sabe que se mueve con riesgos porque la verdad se cobra muy cara. Tiene tan asumida la muerte que dice que vive con una viuda. C.- Su mujer, Yayo está presente en todas las páginas del libro. Parece como si interviniera siempre en los grandes asuntos. PU.- Ella es su mujer, su compañera, su amiga y hay una complicidad increíble de pareja. Sigue habiendo un amor muy fuerte. Les he visto bailar sevillanas y se ve que hay un coqueteo, ella se arregla para agradarle a él
Es su secretaria en el sentido más noble y cabal, la que tiene sus secretos. Ella es la que manda en la ca C.- Da la sensación de que todas las instituciones de nuestro país están tocadas, de que hoy se confía más en la labor de las ONGS, en el voluntariado que en los universos oficiales. ¿Es Garzón el... sólo ante el peligro para que la justicia no sea un cachondeo? PU.- Él y todo su equipo de la Audiencia Nacional han dado días de mucha gloria a la justicia española: Pinochet, las Juntas Militares de Argentina, la batalla legal contra ETA, el narcotráfico, el tráfico de armas... Con personas así resplandecen las instituciones. Pero no creo que todas las instituciones estén en crisis. La gente quiere que haya un gobierno en democracia. Después de Franco todos protagonizamos la película de la transición, poniendo mucha fe en que construíamos de nuevo un sistema, una carta magna, un parlamento. Ha pasado la fiebre del oro de aquel entusiasmo, hemos tenido gobiernos con corrupción, corrupción judicial, guardia civil que trafica con droga, el director general de la guardia civil que es un delincuente, un banquero (Mario Conde) que resulta ser un ladrón de bancos, un estafador. Todo esto ha decepcionado, estamos ante la desconfianza, y quizás ha venido bien porque hemos abandonado el mito del dios-gobierno, de esperar el maná diario desde la política. El país es adulto cuando se da cuenta de esto. C..- ¿Garzón es un imbécil idealista, un fanfarrón, se lo tiene creído?, ¿para quién trabaja? PU.- Es un idealista que salió con plomo en las alas de la política. Perdió la inocencia pero no el idealismo. Sus horas libres las invierte en la defensa de la identidad de los pueblos indígenas, en la lucha contra la droga... No hay una fibra de idealismo sino todo un pan de idealismo. Quiere que el delincuente sea un arrepentido y pase a ser un testigo protegido, que tenga conciencia de que ha hecho algo por la sociedad. C..- En política entró para hacer carrera. PU.- ¡Qué va! Entró como un ingrediente moral en un gobierno inmoral y desmoralizado, fétido, con cadáveres. Creía que iba a meter el bisturí, cesar a uno y a otro... No quería hacer carrera política, de hecho puso como condición para entrar en el partido no llevar ninguna cartera ministerial. Se lo dijo a su madre, "mamá no me verás de ministro nunca, no me interesa". Lo que quería era ser un punto visible, ser el número dos con autoridad moral, y que todo el mundo viera el respaldo a Felipe González. C.- El Achille Lauro, Pinochet, las Juntas Militares argentinas parece que Garzón busca los casos más llamativos, ¿no? PU.- Un juez nunca busca un caso, los casos le vienen estando de guardia, o le tocan por reparto. Por ejemplo, la Guardia Civil denuncia ante Garzón sus sospechas de dónde puede estar Ortega Lara. Ese tema lo está llevando Gómez de Liaño, pero la benemérita espera a que Garzón esté de guardia para denunciarlo, e interviene inmediatamente. El caso de la posibilidad de atentar contra el rey en Mallorca, la policía lo denuncia estando él de guardia, y actúa rapidísimo. Eso es lo que ocurre, no deja dormir los casos, los sigue, "yo abro el melón y me encuentro las pepitas", por eso en sus procesos van apareciendo muchas personas. Cuando interroga a una persona no se queda sólo en ese delito sino que saca una retahíla de colaboradores, cómplices... |