Número 20, febrero 2001

¿"The body" busca la verdad?
Aunque Dios existe y Jesucristo resucitó, ¿qué importan estas consideraciones para una humanidad que reclama solidaridad y justicia frente a poderes manipuladores y oscurantistas como la Iglesia Católica"? Este podría ser el desenlace final de una película que podríamos definir como desilusionante (tanto a los que defienden la resurrección como una verdad de fe, como a sus detractores).

Matt Gutiérrez, un jesuita salvadoreño y ex guerrillero, es enviado por el Vaticano a Jerusalén para aclarar el supuesto descubrimiento del cuerpo de Cristo por parte de una arqueóloga israelita (cuestión que puede desbaratar los cimientos de la propia Iglesia). En medio de una vorágine de complots políticos, en los que intervienen palestinos (artífices del posterior robo del cuerpo), judíos ("negociadores" del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte del Vaticano a cambio de ocultar una supuesta verdad) y la propia Iglesia; nos topamos con una buena fotografía que se aleja de un argumento creíble y de unos personajes que no tienen en absoluto definidos sus papeles (dominicos frente a jesuitas, cardenales embaucadores, la inteligencia militar judía como estandarte de una "superconciencia" de la humanidad, un sacerdote que entrega su celibato a cambio de una verdad solidaria, etc.)

Es difícil evaluar algo que mezcla la doble verdad (el argumento científico frente a las creencias religiosas: "¡Padre, le exijo que distinga la arqueología de la fe!", le dirá Gutiérrez al arqueólogo dominico, provocándole el posterior suicidio) con una visión abstracta y reduccionista de la realidad (lo importante es el corazón y los sentimientos "bondadosos", en este caso los del padre Gutiérrez, frente al poder de las instituciones religiosas, encarnada en la figura de un cardenal manipulador y sin escrúpulos).

"La verdad te hará libre", le recordará la arqueóloga (ya supuestamente enamorada del enviado del Vaticano) utilizando las propias palabras de Jesucristo. Sin embargo, se olvida de que ese compromiso viene avalado no por una doctrina, sino por una persona, el propio Cristo que dijo de sí mismo que era camino, verdad y vida para que no olvidemos que la fe (credibilidad y confianza en aquel que tiene autoridad) nunca contradice a la razón (siempre que se busque la verdad y no el capricho de apriorismos pseudocientíficos); pues la vida de Cristo siempre estuvo avalada por sus gestos, palabras y hechos y, en último término, en su propia resurrección... "bienaventurados los que sin haber visto creen"... ¿por qué he de suponer una supuesta no resurrección de Cristo cuando la razón, auspiciada por la fe, me dicta lo contrario? No se trata de una necesidad primaria, sino de una experiencia avalada por más de 2000 años de historia y ratificada por todos aquellos que durante siglos leyeron, estudiaron y, fundamentalmente, amaron a aquel que siendo el mismo que nació y murió, también resucitó.