Número 24, junio 2001

Sin vergüenza
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DIRECCIÓN: Joaquín Oristrell

INTÉRPRETES: Verónica Forqué, Daniel Giménez Cacho, Candela Peña, Carmen Balagué, Rosa María Sardá, y todo un estupendo elenco de jóvenes actores.

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Firma el guión, junto a Joaquín Oristrell, Dominic Harari y Teresa Pelegrí, la actriz y profesora de interpretación, Cristina Rota. Habrá disfrutado en su elaboración, pues la película desentraña todos los entresijos, habidos y por haber, de una escuela de interpretación, que bien podría ser la suya propia (¿es la suya propia?)

En clave de humor, Sin vergüenza cuenta la historia de un amor frustrado que renace veintiún años después. Mario Fabra (Daniel Giménez Cacho), es un famoso, y algo neurótico, director de cine, que pierde el guión de su siguiente proyecto. Guión que, posiblemente, protagonizarán Penélope Cruz y Javier Bardem para más señas. Por casualidades de la vida —divertida secuencia introductoria- el guión cae en manos de Isabel (Verónica Forqué), quién reconoce en él la historia de amor que había vivido años atrás con el mismísimo director. Pero en realidad, la pérdida del guión tan sólo es una excusa, un macguffin (que diría el maestro Hitchcock) del que se sirve al director para contar al espectador lo que realmente le importa, la vida nuestra de cada día, la búsqueda de nuestro lugar en el mundo. A través de un grupo de personajes, ciertamente singulares (pero, ¿es que acaso no son singulares todos los actores?), Oristrell hace un dibujo, a veces lamentable caricatura, de la condición humana. Nuestros miedos y esperanzas, nuestras miserias y nuestros valores, se ponen de pie en esta película llena de caras nuevas y futuras promesas.

La comedia es un buen género para hacernos pensar sin el peso del drama, y desde luego en Sin vergüenza, hay sitio, además de para la risa y el entretenimiento, para la reflexión. Al hacer un retrato del artista, se hace también un retrato del ser humano. La distribución del "guión perdido" por todo la escuela, provoca un nerviosismo generalizado por conseguir, como sea, un papel en la película. Se desencadenan así, una serie de divertidas situaciones que van creciendo en intensidad a lo largo de toda la cinta hasta llegar al clímax en la secuencia final. Sin duda, es esta la típica estructura aristoteliana de presentación, nudo, desenlace, que homenajea, al teatro. Pero no es este el único homenaje al mundo del telón. La representación de pasajes de distintos textos clásicos, Romeo y Julieta, El Misántropo, Hamlet, y toda su puesta en escena, es otro ejemplo. Para mí son estos los mejores momentos de la película, los que mejor hablan al corazón del hombre, los que más sabiamente hablan de él. No lamentarás en absoluto ir a verla. ¡Ojalá el cine español intentara ir por aquí en vez de perderse en tantas superficialidades!

Eva Latonda