Calibán.- ¿Ha pasado ya la etapa de "los ojos de Ana Torrent"? Ana Torrent.- Hombre, después de haber hecho El espíritu de la colmena, Cría Cuervos..., la gente sólo hablaba de mis ojos. Todavía muchos lo siguen haciendo y me dicen, "¡pero si tienes los mismos ojos!". La mirada de El espíritu de la colmena marcó mucho. C.- Pero, ¿te molesta que te sigan dando la murga con el tema? AT.- No. Es agradable. Aunque, evidentemente, la labor del actor no consiste sólo en saber mirar. C.- Ya has ganado algunos premios, ¿crees que te va a venir una especie de codicia por ganar cuantos más mejor? AT.- Los premios se agradecen, te pueden apoyar en la carrera, te dan seguridad personal, son útiles, pero muchas veces estás satisfechísima con algo que has hecho y no se te reconoce, y no por eso piensas que has fracasado. C.- ¿Qué recuerdas de aquella niña archipremiada, que se paseaba por los EEUU con docenas de premios bajo el brazo? AT.- Recuerdo muchas cosas. Lo vivía con una mezcla de misterio y fascinación. Me atraía mucho ese mundo de la interpretación. Una atracción que al tiempo me desbordó y me ocasionó un rechazó. C.- ¿Por qué? AT.- Porque mi forma de ser no se llevaba bien con lo que conllevaba ser actor: la fama, el reconocimiento, el no poder llevar una vida normal. De pequeña era muy introvertida, muy tímida... de hecho llegué a pensar en no continuar con la carrera de intérprete, me gustaba pero lo veía inaccesible. Pero llega un momento en que te acostumbras a hablar con los periodistas, a ir a los festivales. Aprendes a sobrellevarlo. AT.- Lo de la RAI sí porque fue La Piovra, en la que rodé varios capítulos. La serie de la BBC la rodamos en el Sur de España. El protagonista se veía involucrado en una apuesta en defensa de la naturaleza y yo hacía el papel de chica enamorada de los animales. C.- ¿Cuál es el reto más grande para una actriz? AT.- Un reto... Yo lo que quiero hacer son trabajos que me gusten, que tengan que ver con el momento en el que me encuentro. Siempre intento hacer papeles, personajes que me hagan crecer, que me aporten algo. Quiero hacer cosas donde tenga algo que decir. Eso sí, necesito estar muy motivada para trabajar: motivada por la historia, por la gente que me rodea... C.- ¿Buscas deliberadamente pasar inadvertida? AT.- Sí. El trabajo de un actor es ya suficientemente expuesto como para que encima se metan en tu vida. C.- ¿Qué piensas de ese famoseo televisivo sin curro ni profesionalidad? No hace falta que te ponga ejemplos, ¿no? AT.- Yo estoy convencida de que nadie llega a ser alguien verdaderamente reconocido si no ha trabajado en serio. Mantenerse durante años sólo proviene del puro trabajo. El estrellato momentáneo es un fenómeno muy puntual. Lo malo es la gente que vive mal la fama y que llega a perder la cabeza. C.- ¿Estarías satisfecha presentando un programa en televisión? AT.- Lo haría fatal, ¡sería lo peor! C.- ¿Qué programas aportarías como imprescindibles para la televisión? AT.- Programas temáticos sobre cine y teatro. Hoy en día tenemos que recurrir a los canales de pago para encontrar algo bueno, porque los abiertos te ofrecen unas cosas... imposibles. C.- ¿Cómo fue tu trabajo en Yoyes? AT.- Siempre me acerco al trabajo de la interpretación de la misma forma, lo mismo para interpretar a una prostituta, a una terrorista o a una estudiante. La diferencia con Yoyes fue que había muchos libros escritos sobre la protagonista, por eso me dediqué a trabajar mucho la documentación. Pero en definitiva te tienes que amarrar al guión de la historia. No fue un personaje fácil de hacer, porque tenía emociones muy fuertes y reflejaba unas actitudes que yo no reconozco en mí, y siempre con la muerte rondándola... Me costaba entenderlo.

Quedamos con ella la tarde fatídica de la final de la Liga de Campeones, (primera tarde verdaderamente primaveral en Madrid). Ana está guapísima, blanca y radiante va la actriz, y tiene una alergia que no se tiene, pero cuando habla de cine se olvida de la nariz y del drama del Valencia. Ya le han picoteado bastante en sus ojazos, en aquellos ojazos de niña que lo veían todo. Los críticos ya han dejado de hablarle de aquellos ojos como si fueran su único haber profesional. Con sus películas e interpretaciones para el teatro ha demostrado con creces que es una actriz de primera. Nadie ha contado tanto al espectador sobre las alcantarillas del terror como ella, con la voz quebrada, en las escenas finales de Tesis. En Yoyes nos legó un testimonio sobrecogedor. En Cosas que olvidé recordar nos regaló un icono posmoderno de una Virgen María próxima, llena de sutilezas y matices. Tiene verdadera pasión por una vida inadvertida y se escapa cuando puede a su casa de campo norteamericana, rodeada de ardillas y ciervos. Ojo al dato, entre nosotros, lo digo bajito: No tiene Tesis en su videoteca de casa. Pasmo
C.- Has hecho producciones para la BBC y para la RAI, cosas que por aquí no hemos visto.