Número 24, junio 2001

El libro del mes
EL NEGRO ARTIFICIAL Y OTROS ESCRITOS





Flannery O´Connor
Ediciones Encuentro

UNA DE LAS ESCRITORIAS MAS LÚCIDAS
que ha dado el Sur de los EEUU es una perfecta desconocida en nuestro país, ya que sobre Flannery O´Connor sólo han aparecido algunos trabajos de tesis doctoral, pero nada más. Por eso, es digno de todos los elogios que Ediciones Encuentro haya publicado esta antología selecta de sus cuentos más representativos.

Desde el principio habrá que tomar en consideración la postura de la escritora de Georgia ante la experiencia literaria. Ella se oponía a considerar al escritor como un ordenador de la realidad. Para ella era inconcebible caer en el absurdo moralismo de redactar sólo aquello que fuera hermoso, loable e incorruptible, anaranjados amaneceres y abuelos generosos. Por el contrario, ella vio en seguida que su misión se definía por una mirada específica hacia lo real. "¿Cómo se ve todo lo que hay que ver"?, se pregunta el niño protagonista de El negro artificial. "Cuanto más se mira un objeto, más mundo veréis dentro - dice la autora -, y conviene recordar que el escritor de narrativa serio habla siempre del mundo entero, por limitado que sea su escenario". A Dostoievski no le dolieron prendas a la hora de delinear con precisión el destino humano a través de personajes perdedores, borrachos, desencajados... Porque en todo hombre hay un destello sagrado que remite a una referencia trascendente mayor. La O´Connor también nos muestra un mundo de inadaptados, gente de poca monta, indigentes de traje maloliente de felpa que tienen una exigencia de infinito. En sus páginas hay mucha miseria y mucho queso rancio, como si se nos describiera la manera desproporcionada en la que el hombre se sitúa en el mundo. "Por eso - nos dice Guadalupe Arbona en el prólogo a la edición -, los poderosos constructores de la opinión pública americana intentaron desprestigiar la escritura, no sólo de esta autora, sino también de todos aquellos que no se sometían a una visión optimista y satisfecha de América".

La escritora sureña se oponía a esa literatura que se imaginaba que los avances científicos, la mejora de las condiciones económicas y los descubrimientos psicológicos, traerían la clave para la solución de todos los problemas. Prueba actual de esa fe ciega en el progreso la tenemos en la reciente recopilación de artículos de Tom Wolfe sobre las maravillas (?!) del imperio americano durante el siglo XX. Flannery O´Connor camina por otra acera, ella se acerca más a Kafka, a Joyce a Mann... Su obra ha tenido incluso adaptación cinematográfica, como El río de Huston, basada en uno de sus cuentos.