![]() Decía Henry James que la casa de la ficción tiene un millón de ventanas. Por eso, los niños de todo el mundo, un poco espesitos con tanta literatura ajena a sus intereses, se han volcado con la casa imaginaria de la Rowling y su Harry Potter. Ahí lo s críos se han dado de bruces con una literatura hecha balón de reglamento. Al fenómeno de las aventuras de su protagonista habrá que darle carrete de perspectiva para conocer si ha supuesto un merchandising de muerte o un jalón en la recuperación de una auténtica literatura para chavalotes. Y es que las valoraciones de calidad hay que hacerlas con reposo y sin el devenir de las fluctuaciones del mercado.En la última feria del libro se han dicho algunas historias salidas de renglón a propósito de la labor creativa del autor. Una escritora española muy conocida ha comentado pública e impunemente que escribe sólo para sus lectores. No sé, manifestaciones de este calibre parecen decir que el novelista no quiere aflojar el tirón comercial, que escribe atado al perfil-target del público receptor. Es como insinuar que la literatura no se distingue de esas empresas que te montan el ordenador a tu gusto, con la tarjeta de sonido que quieras, los altavoces ad hoc, el monitor de última generación... Para que la ficción no se convierta en una mera puesta de tapas y filis a los zapatos del lector, habría que hacer caso al poeta José Ángel Valente. Pero ahora no leemos a Valente. Valente languidece en el brillo de sus poemas esperando encontrarse con una sensibilidad operante. "Se escribe por escucha - nos dice -, por atención extrema de todos los sentidos a lo que las palabras acaso van a decir". El poeta quiere retrotraer al lector a la contemplación silenciosa de su condición humana, no al chascarrillo de la comunicación de mercado. Por eso, la poesía nos conduce al claustro materno, "sin que nadie nos saque a la luz pública, desnudos e indefensos". La literatura habla del hombre cuando oculta las palabras efímeras, abandona los proyectos mercantiles y muestra el cordón umbilical que nos ata al misterio de nuestro origen. |