Número 24, junio 2001





SE LO LLEVARON

Loung Ung
Ediciones Maeva

L
OUNG UNG ES LA PORTAVOZ de la Campaña de Minas Antipersona (Premio Nobel de la Paz 1997). Se paseó por Madrid hace un mes para poner los pelos de punta a los asistentes a la presentación de su autobiografía Se lo llevaron. Un relato estremecedor de una de las traiciones a la humanidad más grandes y olvidadas de este siglo: el genocidio de los jemeres rojos en Camboya. En 1978 los padres de Ung y dos de sus hermanos habían muerto a manos de los jemeres rojos, y a la pequeña la entrenaron como niña soldado. Huyó dos años más tarde, y acabó estableciéndose como refugiada en el estado de Vermont, con el patrocinio de la Iglesia de la Sagrada Familia. La mirada infantil de Ung desde el camión en el que iba su familia, cuando tienen que trasladarse forzosamente a otra región para dejar vía libre a los jemeres, es escalofriante. Ella veía sin entender ese lento fluir de la multitud desplazada a la fuerza. Imagen que se repetirá posteriormente y que formará parte de la iconografía de finales del siglo XX: las familias etíopes huyendo de Mengistu, las miríadas de tutsis huyendo de los hutus, los albanokosovares... Para la niña Loung Ung todo se convierte de la noche a la mañana en estremecedor, deja de jugar a la rayuela con sus amigas y empieza a codearse con la muerte. Su documento está en la línea de esos trabajos que son imprescindibles para saber interpretar la historia desde lo que Unamuno denominaba la intrahistoria: el devenir del hombre sin rostro que, aunque no sea considerado desde el poder político, su acción es siempre la de auténtico protagonista y su necesidad de respeto tiene que permanecer incólume.



DICEN QUE HA RESUCITADO

Vittorio Messori
Editorial Rialp

MESSORI ES ANTE TODO un periodista católico que ha metido la cuchara en el proceso de investigación teológica en torno a la Resurrección de Jesucristo. Y lo ha hecho sin ese tono de experto que rodea siempre a cuestiones de este calibre. Por eso el texto es accesible a públicos no iniciados en jerga de especialistas. Al tiempo, los argumentos del libro no son superficiales, como de consigna acomodaticia para los de casa. Su discurso no es "sermoneador" ni exhortativo, sino propio del ejercicio del periodista, que atiende a los hechos desde su investigación, contrastación y exposición. La tesis de fondo del libro sugiere que los documentos que han relatado la pasión y la muerte de Cristo no se detienen ahí, sino que con idéntica autoridad y con idéntico grado de información continúan narrando la resurrección. Esta tesis va tomando forma en unos capítulos donde se muestra cómo a la fe no le incomoda la compañía de la racionalidad, sino que, muy al contrario, la reconoce como propia. Para demostrar la poca probabilidad de que los autores de los Evangelios se hubieran inventado el hecho de la resurrección, Messori aporta algunos datos, entre ellos la presencia de las mujeres en la narración de las apariciones, en el contexto de una religión como la judía en la que únicamente tenían voz los hombres. También analiza la posibilidad de que el cristianismo hubiera incorporado el mito de la resurrección de la cultura griega (como alguna vez se ha insinuado). Muestra cómo en la cultura griega, o de influencia griega, no es concebible una resurrección que incluya también el cuerpo. Por eso a San Pablo en el Areópago de Atenas, donde se daba cita los más granado de los expertos en todas las religiones, le tomaron por un chiflado, como un embaucador con ideas que ninguna religión podía concebir. Hay también un capítulo dedicado a la leyenda de la muerte de Cristo en Cachemira, a la invención del cristianismo por parte de San Pablo, etc. Dicen que ha resucitado es un documento escrito con rigor y no sin pasión, realizado por un hombre que propone a los lectores el principio de creer para entender mejor y entender para creer.