Número 24, junio 2001

María Zambrano
un pensamiento necesario


La película de su vida

    Nació el 22 de abril de 1904 en Vélez, Málaga. En 1921 inició sus estudios de filosofía como alumna libre de la Universidad Central de Madrid. Conoce a León Felipe y a García Lorca. Vivió en el centro de Madrid hasta 1929 en la Plaza de los Carros y desde esa fecha y hasta 1936 en la Plaza del Conde de Barajas. Con la licenciatura a medias llama la atención de cómo una joven estudia filosofía. A mediados de la década de los 20 asiste a las clases de Ortega, García Morente, Julián Besteiro y Zubiri. Intervino activamente en algunos de los movimientos estudiantiles más vivos de Madrid y adoptó una postura firme a favor de la República. En 1932 sustituyó a Zubiri como profesora de Metafísica en la Universidad Central. Asiste a las tertulias del Pombo organizadas por Ramón Gómez de la Serna. Se casa con un secretario de la embajada de España en Santiago de Chile. La derrota de la guerra civil supuso para ella un largo exilio. Tras una breve estancia en Nueva York fue a la Habana, a Roma, Suiza. En 1980, tras una conferencia de J. A. Valente en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, se escucha la voz de María Zambrano, grabada en cinta. Es la primera vez que se la oye en España desde 1939. Su salud está muy quebrantada pero toma la decisión de volver a España, hecho que ocurrió el 20 de noviembre de 1984. Siempre que no estuvo indispuesta, su casa se convirtió en lo que ella misma quería, "el arca de Noé". En 1989 recibió el Premio Cervantes. Ingresó en el Hospital de la Princesa en 1991. María Zambrano le dijo por teléfono a su amigo Edi Simons: "Estamos en la noche de los tiempos, hay que entrar en el cuerpo glorioso". Al día siguiente de su muerte, se la trasladó a su pueblo donde yace entre un naranjo y un limonero. En la lápida, por deseo suyo, está inscrita la leyenda del Cantar de los Cantares: "Surge amica mea et veni".

    A su tumba acuden a diario decenas de gatos de todos los colores. 

Más allá de la filosofía

    Ana Bundgard, Editorial Trotta

    Es el libro imprescindible para no darse en la nariz con una María Zambrano difícil de acceder en un primer encuentro con su obra. Ana Bundgard tiene la eficiencia de sajar su pensamiento en capítulos muy claros, acompañados de muchas citas de la filósofa y mucha contextualización, que evita hacer de ella una vieja-pelleja-rata-de-biblioteca ajena al entorno social sino, por el contrario, una mujer de su tiempo que hizo de su pensamiento una respuesta honda a los acontecimientos que vivió.




S
er persona cristiana es ser infinito y sin medida. Ser individuo estoico es tener una medida, es estar sujeto a un límite. El estoico toma de la vida la carga proporcionada a sus fuerzas. Como dice Séneca: "Hay que buscar que lo que soporta sea más fuerte que lo soportado", aquí, el hombre es una criatura que está aún bajo la noción de cantidad, porque no había idea de creación. La persona cristiana, en cambio, no tiene límite, ni para sus fuerzas, ni para su vida, ni para su muerte. Hay algo que todo lo trasciende.


María Zambrano

Sentido del humor

Carecer de sentido del humor es como no tener fe, la fe en la vida, la fe en que todo irá mucho mejor, la fe en que la felicidad existe.Cuando uno tiene sentido del humor uno se ríe. Esa felicidad se siente, son décimas de segundo, un minuto en el que no existe ni pasado, ni futuro, sólo presente y un presente irreal donde no hay preocupación, ni inquietud, solo liberación, los músculos se tensan y destensan, la circulación fluye con rapidez, los pulmones ventilan mas rápido... En definitiva, tu salud mejora.

El sentido del humor no es algo que se tiene o no se tiene, sino que se cultiva, se potencia, se trabaja. Es una actitud frente las cosas, es la madurez de uno mismo ante la vida. Claro que no te lo enseñan en el colegio, pero hay tantas cosas que no te enseñan en el colegio y que son fundamentales para la vida... como el respeto a los demás, a que la vida no es fácil y que todo no es competir para ser el mejor, ni para ser diferente, tú eres como eres y ya eres diferente.

Cuando uno tiene sentido del humor se enfrenta a los días de otra manera, riéndose de todo, de todo lo que no tiene solución, de todo lo que es absurdo, esas cosas banales que nos cargan y que hacen que, al final del día, los hombros nos pesen tanto que parece que llevamos una mochila a cuestas, nuestra cara esté tan larga que vayamos rozándola por el suelo y que nuestro tono de voz sea austero y desagradable.

Pequeñas cosas:como que el despertador no haya saltado a su hora o que la bombona de butano se ha acabado justo cuando tú te estabas duchando y has tenido que salir mojado a cambiarla a las 7 de la mañana con un frío que pela, te hayas quedado sin café y has tenido que tomar un descafeinado de sobre que sabe a agua sucia, luego has tenido que dar mil excusas a tu jefe, y cada vez que te ha mirado te reprochaba que eres un irresponsable.

Todo esto, si se enfrenta con humor se hace algo divertido. Lo cuentas a tus amigos como algo insólito ("no me puede pasar hoy nada más") y todos se reirán... hasta tú mismo.

Paz Padilla