![]() Durante las primeras horas del mes de febrero, el estado de Virginia, en Estados Unidos, ha aprobado una ley que exige a los médicos esperar venticuatro horas entre la decisión de la mujer y la realización del aborto. Por añadidura, la ley ordena que se entregue a la mujer una información completa y detallada sobre el aborto y las consecuencias que pudieran derivarse del mismo, así como las posibles alternativas. Entre la información que ha de entregarse a las embarazadas que deseen abortar debe incluirse con detalle una descripción de las etapas del desarrollo embrionario y las características específicas del niño según el tiempo de embarazo. Esa información puede suministrarse incluso por teléfono. El gobernador James S. Gilmore III, perteneciente al partido republicano, declaró que la consideraba "una buena medida para que las mujeres cuenten con la mayor cantidad de información posible para tomar su decisión". Sin embargo, de manera muy distinta han opinado los grupos feministas y pro-abortistas. Lejos de considerar que una mayor información podría beneficiar a aquel sector social al que se jactan en defender, los diferentes portavoces de grupos feministas y abortistas han declarado que esta medida restringe los derechos de la mujer y le dificulta el acceso al aborto, aumentando las exigencias y necesidades para obtenerlo. Como colofón, y sumando al argumento ideológico el económico, han expresado su temor de que algunas decidan dirigirse a otros estados para conseguir un aborto más fácil, lo que provocaría una disminución de los ingresos de las clínicas y médicos que lo practican en el estado de Virginia. Aunque los argumentos de feministas y abortistas no resultan despreciables al combinar la ideología y la economía, de sus análisis parece emerger un tufo malsano que no soporta un an álisis mínimamente sólido y que inquieta profundamente sobre las verdaderas motivaciones de ambos movimientos. A primera vista, la nueva ley virginiana no puede resultar más moderada en relación con el aborto. No se plantea ni su prohibición ni su limitación sino simplemente la posibilidad de que las mujeres que van a considerar su práctica puedan tener una idea más cabal del paso que están a punto de dar. Precisamente aquellas personas que durante años han voceado el manido lema de "nosotras parimos, nosotras decidimos" deberían ser las más interesadas en apoyar esa ley. No es que el lema tenga lógica real - ¿se imagina alguien a los empresarios gritando "nosotros producimos, nosotros decidimos" para eludir sus obligaciones fiscales sin contar con nadie más? - pero aún concediéndosela, ¿puede haber algo más sensato e incluso decente que el hecho de que esa decisión sea tomada con un mínimo de información en lo referente a consecuencias, alternativas y posibilidades de la misma? Vayamos un paso más allá: esta crítica ¿se trata, en realidad, de una confesión de parte en la que se reconoce que si la información es completa y no una mera repetición de consignas demagógicas y "progres" acabará llevando a no pocas mujeres a rechazar el aborto? Muy seguros no deben estar los partidarios del aborto y de la ortodoxia feminista cuando consideran que la ignorancia es un aliado sustancial para que las mujeres sigan propugnando sus tesis. Posiblemente, aún será la mayor la inseguridad si contemplan la posibilidad de perder su base económica en el futuro en negocios tan lucrativos como las clínicas abortistas o las ONGs dedicadas a menesteres relacionados. Visto todo así, la moderada ley de Virginia es, sin duda, para para alzar la voz de alarma en el bando abortista. Si al final resulta que no les ha movido el bienestar de las mujeres si no consideraciones en apariencia tan poco "progres" como el poder de dirigir mentes y corazones en una dirección determinada y de vacíar bolsillos en la misma, puede pintar en bastos
¡y todo porque a alguien se le ha ocurrido que la información puede tener utilidad!César Vidal |