![]() El cine es espectáculo, el cine es arte, el cine es dinero, el cine es una pasión, el cine es... tantas cosas. Pero ante todo el cine es entretenimiento, y precisamente uno de los pilares del entretenimiento es la risa. Por este motivo la comedia, y su amplio espectro de subgéneros cómico, musical, parodia, humor intelectual, comedia romántica - son uno de los platos fuertes de las carteleras frente a dramas, cine bélico e incluso cine de acción. Pero lo curioso del género es que triunfa no sólo en época de crisis, cuando la necesidad de evadirse es evidente, sino también en época de bonanza económica y bienestar social. Y es que, no hay nada más auténticamente humano que la risa, la carcajada, ese sentimiento de exaltación de la felicidad que tanta gente necesita y que en tantas ocasiones beneficia. Por eso, a la larga lista de todo eso que es el cine, habría que añadirle una última cosa: el cine es terapia. "La radiografía de la risa" así lo demuestra. El estudió surgió cuando Lonne Maitel, Directora de la Clínica Pediátrica del Dolor del Hospital Infantil de Los Ángeles, conoció el caso de Norman Cousins. El paciente sufría una grave enfermedad ESTOY MUDA Una vez conocidos los beneficiosos efectos terapéuticos del cine de humor, realizaremos un breve paseo por todos los caminos de su historia. El embrión del género se encuentra, sin duda, en los primeros gags del cine mudo, más conocidos como los slapsticks (ingenuas persecuciones, bofetadas, golpes, choques, tartazos...) El referente europeo fue Max Linder, allá a principios del siglo XX, aunque fue USA la que pronto fagocitó el género con figuras de la talla de Charles Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd. Estos tres, fueron al cine mudo lo que Enrst Lubitsch, Frank Capra y Billy Wilder al sonoro; auténticos hitos de la comedia. Aunque debería citar a tantos otros más... (Hawks, Cukor, Bogdanovich...) Pero "espacio obliga". La llegada del sonoro supuso, además, un fortalecimiento del género frente a lo excesivamente burlesco y circense del mudo. Surgieron dos tendencias: la comedia sofisticada, con Lubitsch como maestro, y la comedia loca (Screwball) de Capra. Fue Wilder quién impuso la sátira política y la mordaz crítica social que tanto aportaría a la comedia intelectual de años posteriores (W. Allen). ¿ Y DESPUÉS DE TANTOS AÑOS? De los 30 a los 60, nos encontramos con la llamada comedia americana, que dejó un nutrido legado que llega hasta nuestros días en sus más variados sucedáneos: en los 70, el cine de parodia alcanzó un gran éxito gracias a Blake Edwards, Mel Brooks o Los Monty Python con películas como El guateque, El jovencito Frankenstein y La vida de Brian, respectivamente. El humor por el humor (Top Secret, Aterriza como puedas), inundó las salas de carcajadas en los 80. Los 90 nos devolvieron la gestualidad (Jim Carrey, Mr. Bean) y la lúcida crítica social (Full monty) Y sobre todos ellos, siempre eterna, e imperecedera, la comedia romántica, el baúl de los tesoros del género (Algo para recordar, Mientras dormías) ¿ QUÉ NOS QUEDA? El mismo concepto de comedia, implica, inconscientemente, la tentación de no tomar muy en serio los argumentos que presenta. ¡Qué gran error! ¿Quién puede pensar, por poner un solo ejemplo, que detrás de Uno, dos, tres de Willy Wilder, no existe una lúcida visión del terrible abismo que se abrió tras la segunda guerra mundial entre el Este y el Oeste? La esencia de la comedia es el humor, sí, pero una mirada divertida y optimista de la vida, no merma la seriedad, el compromiso y la responsabilidad del ser humano. La risa y el humor, sencillamente, nos dignifican. |