Número 21, marzo 2001

Achero Mañas
director de EL BOLA

"Me quedaría con una escena de amor eterno"
Calibán.- Has comentado en alguna ocasión que llegaste a la dirección a través de la escritura, pero que nunca has sido un director vocacional. ¿Por qué sentiste la necesidad de contar tus propias historias?

Achero Mañas.- En muchas ocasiones como actor no me sentía afín con lo que el guionista o el director estaban contando, y la historia no tenía mayor interés para mí. Yo escribía..., lo que pasa es que no encontraba el medio para que mis historias salieran adelante, y como el medio que yo conocía y en el que yo me desenvolvía era el cine, pensé "voy a intentarlo", y la mejor manera era con un corto. Han sido una sucesión de cortos hasta que llegó el largo. En este tiempo fui conociendo mejor el medio, relacionándome con él, viendo qué posibilidades tenía como director de aportar algo, sobre todo en la dirección de actores. Esto fue lo que básicamente me animó a dirigir.

C.- ¿Concibes dirigir un proyecto de encargo, sin que el guión sea tuyo?

A.M.- En principio me lo plantearía, ahora mismo tengo tres o cuatro historias rondándome la cabeza y ya tenía historias antes, lo cual lo hace difícil. Pero si yo me encontrara de repente con un guión con el que dijese "¡vaya, esto es lo que siempre hubiese querido escribir yo!" y como director me sintiera capaz de aportar algo a esa historia, sin lugar a dudas lo haría.

C.- ¿Has abandonado la actuación?

A.M.-Es cierto que llevo seis años sin interpretar desde la última película, La ley de la frontera. No descarto volver a interpretar, pero nunca por una cuestión económica, como lo he hecho en muchas ocasiones. Pero si me ofrecen algo que me interese, que no sea un papel protagonista, porque es demasiada responsabilidad, un papel que pueda interpretar de una manera más lúdica, lo haría encantado.

C.- ¿Te planteas dirigir y actuar al mismo tiempo?

A.M.- No, eso lo dudo. Me llevaría a un estado esquizofrénico agudo en el que me tendría que hacer pruebas como actor continuamente. El Achero-director querría machacar al Achero-actor y no quiero ser artífice de mi propia derrota.

C.- ¿Por qué tu primera película gira en torno a los malos tratos infantiles? ¿Por qué sentiste la necesidad de dedicar tu primer largometraje a este tema?

A.M.- Fue un poco casual, yo siempre digo que El Bola cuenta la amistad entre dos muchachos, si bien con ese trasfondo de malos tratos. Yo creo que fue a raíz del contacto que tuve con chavales de doce-trece años en los cortometrajes. En primer lugar me atrae la infancia, y a través de los cortos se me apareció un mundo mucho más complejo y enriquecedor. Muchos de estos niños estaban en centros asistenciales de la Comunidad de Madrid y tenían un comportamiento especial en su trato con gente fuera de su entorno habitual, la gente del cine, y esto fue un poco lo que originó la idea de El Bola.

C.- En tu trayectoria has hablado de drogas, de violencia, de malos tratos, pero siempre con la mirada puesta en la infancia y en la adolescencia. ¿Por qué?, ¿veremos pronto una historia de Achero Mañas protagonizada por un adulto?

A.M.- Tendría que ir al psicólogo para averiguar por qué me obsesiona tanto la infancia, quizá porque en la infancia me lo pasé muy bien, porque en la infancia se viven las cosas de un modo mucho más pasional y mucho más de verdad, el sabor de las cosas es totalmente distinto, los niños están en un momento de descubrimiento y tienen capacidad de cambio, cosa que no existe en los adultos, bien porque hemos vivido demasiado, o ya lo hemos leído, o conocemos a alguien que ha vivido tal o cual circunstancia. Carecemos de capacidad de sorpresa y de cambio. Sin embargo, a los niños una circunstancia cualquiera les puede hacer cambiar su visión del mundo y de su realidad; y eso es lo que más me interesa de la infancia, porque al fin y al cabo el cine cuenta historias de cambios en la vida de las personas. El cine habla de cambios, no de rutinas.

C.- De las reacciones que has visto en torno a tu película, ¿cuál es la que más te ha llenado?

A.M.- Pues mira, emocionalmente, y porque falleció hace poco, quizá la reacción de mi padre. También la de mi familia y la gente de mi entomo. También estoy muy agradecido a los medios de comunicación. Tanto por la crítica como por el público, ha sido muy bien aceptada, gente que me ha llamado, compañeros... pero en principio yo si he de destacar alguna, es la de mi familia y la de mi padre.

C.- A lo largo de tu carrera profesional, ¿cuáles han sido los mejores ejemplos que has tenido, tanto profesionalmente, como desde el punto de vista humano?

A.M.- Desde el humano a Pere Ponce y a Aitana Sánchez Gijón, cuando yo trabajé con ellos en La ley de la frontera; y Nacho Martínez en Un día volveré, y Charo López. Estaba muy por encima nuestra relación personal y humana, de la meramente profesional.

C.- Los actores de El bola no son rostros conocidos del cine español. ¿Fue algo premeditado?

A.M.- En algún caso sí, sobre todo en el del personaje del tatuador. Yo no quería que un actor conocido tuviese que luchar contra su propia imagen para hacer creíble el papel, y que el público se pasase media película intentando creerse a ese personaje. Fue premeditado, pero yo nunca descarté el coger a actores conocidos, y a la productora le hubiera venido muy bien, pero ha salido así, con actores poco conocidos, bien es cierto que con mucho, mucho bagaje profesional. Es gente de teatro, a algunos los conocía, les había visto actuar...

C.- Una pregunta personal que me chocó mucho de la película. ¿Por qué creíste necesario el plano en el baño de la abuela?

A.M.- Yo creo que era necesario para recrear el ambiente donde vive ese niño. Tiene un poco de sórdido y de tremendo, pero luego a su vez tiene también de natural, porque claro a las abuelas se las baña. Y luego, el niño no lo ve como un drama, sino como algo normal, el niño la baña con tremenda humildad y no parece que suponga para él un drama. La relación entre él y la abuela es emotiva, es afectiva, está muy bien, el niño tiene un punto tremendo de amor y de cariño hacia la abuela.

C.- Ganaste el Goya con Cazadores. ¿Por qué el siguiente paso fue el cortometraje Paraísos artificiales y no directamente el largometraje?

A.M.- ¡Porque soy muy listo! No, esto es una pedantería, ahora en serio. Porque no creo que estuviese preparado y me daba mucho miedo. Aunque había ofertas de largometrajes y el primer borrador de El Bola estaba escrito, decidí hacer un corto más, de mayor metraje, para ver cómo me encontraba yo, analizar mi respuesta ante el medio, mis capacidades y conocer un poquito más todo lo que es la labor de dirección.

C.- En tu trayectoria ha sido esencial el papel de tus tres cortos. ¿Crees que el cortometraje es una etapa imprescindible en la carrera de cualquier cineasta?

A.M.- No, eso es muy personal. Hay cineastas con mucha intuición que son genios, pero yo no lo soy. Yo tengo que trabajar, pensarme mucho las cosas, analizarlas, tengo muchísimas dudas... Por eso necesitaba pasar por el corto, creo que es una buena escuela pero no todo el mundo tiene por qué necesitarlo.

C.- Has dicho que ya tienes dos o tres ideas en la cabeza, ¿piensas seguir por el camino del compromiso y de la denuncia social?

A.M.- Yo no sé contar otra cosa que lo que sucede en la sociedad o lo que yo veo, de lo que yo me alimento, de lo que pasa a la gente... en un estilo que es el que me apetece utilizar a mí, no hay que callarse; yo creo que detrás de una película de género puede haber un trasfondo social mucho mayor que en una película que aparentemente quiere ser social y no lo es en absoluto. Tampoco hay que engañarse, yo en principio quiero seguir esta línea, pero no descarto hacer otro tipo de cine.

C.- Y una comedia...

A.M.- ¿Por qué no?, dentro de una comedia puede haber un trasfondo social tremendo. Hay comedias absolutamente maravillosas donde hay un reflejo de la sociedad muchísimo mayor que en otro tipo de películas.

C.- ¿Qué es lo que más te asusta de la realidad en la que vivimos?

A.M.- La incomunicación, cuando la gente no es capaz de comunicarse y de arreglar sus problemas a través del diálogo. Me parece que se levanta una barrera muy difícil de superar.

C.- ¿Cómo te gustaría que la gente saliese del cine después de ver El Bola?

A.M.- Me gustaría que la gente se emocionara. Yo creo que si algo tiene que hacer una película, una novela o lo que sea, es emocionar, que la gente se motive, que se indigne... pero que no se quede fría e indiferente, porque sería tiempo perdido.

C.- De las películas que has visto, ¿cuál te gustaría volver a ver por primera vez, conservando aquella primera impresión?

A.M.- Me maravilló y me dejó muy tocado, y a mi hija también, es curioso, El Espíritu de la Colmena de Víctor Erice. No sé cuántos años tendría, pero me dejó completamente emocionado. Y curiosamente fue la primera película que a mi hija le sobrecogió. Se quedó con los ojos fijos mirando la película hasta el final y sin parar. Era la primera vez que estableció una interrelación entre lo que pasaba en la pantalla y lo que le pasaba a ella. Había visto otras en las que había niños, pero no le afectaron tanto.

C.- Si tu vida fuese una película, ¿con qué escena te quedarías?

A.M.- Me quedaría con una escena de amor eterno, de dos amantes en plena felicidad, yo creo que al final lo que toda la gente busca es la felicidad y lo que buscamos todos en nuestra vida es encontrar la paz y la felicidad, como si fuera poco...