![]() Del último premio Nobel de literatura no sabemos gran cosa. Habrá que husmear en Internet para tirar de su obra traducida al inglés, pero en español no tenemos referencias de su corpus literario. Corpus traspasado y trastornado por el dolor agudísimo de la enfermedad del exiliado, la pústula de quien ha declarado que para mantenerse con vida en la China comunista no pudo hablar más que consigo mismo, y lo hizo "en el más profundo de los secretos". Gao se ha prodigado poco en los medios de comunicación. Escasas han sido las ocasiones en las que ha mostrado al gran público esa cicatriz de la falta de libertad que padeció durante la revolución maoísta. "Hubo innumerables ataques a la cultura tradicional china en nombre de la revolución - ha dicho -, prohibiciones públicas, quema de libros... Incontables escritores ingresaron en prisión, fueron castigados a trabajos forzados, muchos murieron, otros se exiliaron. La elección d el artista era sumirse en el silencio o huir, ¡huir! , porque el escribir se había convertido en un riesgo para la propia vida". Y el escritor chino ha hallado la causa de tamaña barbarie en aquel superhombre nietzschiano que envenenó las aguas de todo un siglo.
Pero la inhumanidad con la que le cruzaron la cara no se ha disuelto con el paso del tiempo y Xingjiang ha quedado lastrado de angina de pecho moral, de un dolor que le viene de su cruce interior de caminos, allí donde se encuentran los sentimientos con la voluntad. Hay una soledad deforme en las palabras del último nobel de literatura. Hay una enfermedad de arañas que le han quitado el alma. "La literatura es la afirmación de uno mismo, sólo me busco como interlocutor de mí mismo. Escribir es un acto desafiante, un acto de afirmación, una huida interior de lo que empobrece. Sí, hay que huir de todo menos de uno mismo, aunque el caos reine en nuestro interior". Las palabras parecen el monólogo interior de un náufrago que se tiene que animar con elocuencia para darse aliento y sobrevivir. Ese es Xingjiang, un superviviente a quien le han borrado la esperanza y no le acompaña sino la tristeza. "Sí, me busco como interlocutor de mí mismo, es más que suficiente". |