Número 21, marzo 2001

El genoma
por Juan Pedro Ortuño
El descubrimiento. El Proyecto Genoma Humano (PGH) es un proyecto internacional, cuyo objetivo principal es conocer la secuencia completa del genoma humano, es decir, conseguir un "mapa" (extracción del DNA de los cromosomas humanos rompiéndolos aleatoriamente en numerosos fragmentos); dicha cartografía genética se terminó en el año 1988. Posteriormente, se inició una segunda etapa para determinar la secuenciación, que es el proceso por el cual se identifican las secuencias de los DNA en que están unidos los 300 mil millones de pares de bases, y luego, posteriormente, saber qué significan estas secuencias. Se llama, por tanto, genoma a la totalidad del material genético de un organismo. El genoma humano posee entre 50.000 y 100.000 genes distribuidos entre los 23 pares de cromosomas de la célula somática humana. Cada cromosoma puede contener más de 250 millones de pares de bases de DNA, y se estima que la totalidad del genoma humano tiene 3000 millones de pares de bases.

El deseo. PGH son tres letras que encierran la salvación para algunos, el cruel conocimiento de la dura realidad para algunos otros  y la incertidumbre para todos. Lo que hay que preguntarse es si toda esta revolución sirve para el bien del hombre y no para instrumentalizarlo. Las metas previstas, en un lenguaje que podamos entendernos, parecen ser:

- Disponer de una fuente de conocimientos prácticamente inagotable para comprender nuestra bioquímica y el funcionamiento de nuestro cuerpo.

- Saber cuáles de nuestras características son heredables y cuáles dependen del ambiente.

- Conocer los defectos genéticos que portamos de forma latente y que podríamos legar a nuestros hijos.

- Llegar a conocer si vamos a padecer alguna cruel enfermedad cuyo proceso aún no ha comenzado.

La respuesta. El que la diferencia genética respecto a la mosca del vinagre varíe en unos cuantos miles de genes ha supuesto para algunos una humillación, para otros un golpe para las teorías evolucionistas. También nos ayuda a descubrir que la naturaleza humana no exige razas puras, así como el color de la piel, sino que su diferencia específica está en otra dimensión. El genero humano constituye una única familia. La inteligencia del ser humano ya se ve que no tiene como fin un principio meramente antropocéntrico (encerrado en sí mismo), sino que se exige una trascendencia en ese conocimiento de sí.

El problema, por tanto, estará en la manipulación; ese deseo de algunos por buscar una especie de soldado perfecto o funcionario perfecto. En esa línea, la fabricación de clones como pretensión para salvar a otros, nos lleva a respondernos que lo importante es considerar al individuo en sí mismo, como persona, que es donde está su valor, no en aprovechar desechos de seres humanos en beneficio de otros.