Número 23, mayo 2001

La cafetería del cine Doré



En pleno corazón de Madrid, entre la castizas calles de Atocha y Santa Isabel, se encuentra situado uno de los mercados más antiguos, y con sabor a barrio, de toda la ciudad. Se trata del Mercado de Santa Isabel. Un cúmulo de tiendecillas "al detalle", ultramarinos, pescaderías, fruterías y carnicerías, donde no parece haber llegado ni el mal de las vacas locas, ni la fiebre aftosa. Y junto a él, otros dos edificios históricos, encastrados al mercado como si de dos inmensas lapas se tratase: la parroquia de San Nicolás, que acoge la figura de tan ilustre santo, lugar de multitidinaria devoción todos los lunes del año; y el cine Doré, un edificio que alberga una de las pocas decoraciones modernistas que quedan en Madrid y es, además, la sala de proyección oficial de la Filmoteca Espanola... ¡Tranquilo!, no, no te has equivocado de sección. No estás en "Tesoros desconocidos de Madrid", sino en "Copas y algo más". Lo que ocurre es que este mes, quería hablaros de un lugar muy conocido por mí y que me resulta especialmente entrañable: la cafetería del cine Doré. Entrañable por haber sido tantas veces visitado. Cuántos paseos por esas aceras, cuántos saludos a viejos amigos, cuántas plegarias a San Nicolás, cuántas compras de "urgencia" ("me falta carne para mañana", "ahora que recuerdo, se me ha acabado la fruta"). Pero sobre todo, cuántas tertulias cinematográficas en torno a un delicioso café, saboreando esa tarta de zanahoria con sabor a canela que tan buen nombre ha dado a la contrata que el Doré tiene hecha con la cafetería. Podrás disfrutar de un variadísimo, y gustosísimo surtido de tartas y bizcochos, que echarán al traste tu dieta (si es que te la has impuesto). Además de tomar todo tipo de copas, nacionales e internacionales, el buen vino tampoco falta. Si todo esto no es suficiente, puedes elegir por tomarte una cervecita con un buen sandwich mixto, o con el especial de la casa, que te sorprenderá. Esto sin contar con el ambiente, entre bohemio y snob del que podrás disfrutar. Y para rematar la noche con una gran guinda, te compras un par de entraditas, y ¡ala!, a ver buen cine y a culturizarse un poco, por variar. Eso sí, la cafetería es como "la Cenicienta", a las doce de la noche chapa. Pero tranquilo, si tienes más cuerda, estás al lado de una de las zonas con más marcha de Madrid: Huertas, donde podrás completar la jugada. ¿Se puede pedir más a la noche madrileña?

PD: No puedo terminar sin advertiros una cosa. Es pura honestidad. Cuidado con uno de los encargados... que tiene muy malas pulgas.





Texto y fotos: Eva Latonda