Número 26, noviembre 2001

El Señor de los Anillos
Primera parte: La comunidad del anillo



Entorno al libro:

Desde que en 1954 se publicara la primera parte de la trilogía de "El señor de los anillos", "La comunidad del anillo", J.R.R. Tolkien desató un polvorín de fantasía e imaginación, creando un sin fin de adeptos, como nunca antes se había visto. Conforme fueron saliendo las dos entregas restantes, el fenómeno fue aumentando. Y así hasta nuestros días, convirtiéndose en el punto de referencia del género fantástico. Hay incluso quien se atrevió a decir en su momento, que el mundo se dividía: "entre los que ya han leído "El señor de los anillos" y los que todavía no lo han hecho".

Independientemente de subjetividades y valoraciones personales, lo que sí es cierto es que 100 millones de lectores en todo el mundo son muchos lectores y que desde entonces hasta ahora el poder de fascinación por la obra de Tolkien no ha disminuido nada. De hecho, ha sido votada en numerosas encuestas - populares y profesionales -, como "libro del siglo", de manera que algo tendrá...

Todos los grandes temas de la humanidad están de una forma u otra presentes a lo largo del libro. El bien contra el mal, el destino, la búsqueda de una misión en la vida, el poder de la amistad y del trabajo en equipo, la valentía individual, la lucha por la justicia, el verdadero amor, el respeto a la naturaleza... Así podríamos seguir con muchos temas capitales del ser humano. Pero en definitiva, la obra de Tolkien tiene una clave principal: Es en su acercamiento a la verdad de las cosas, en donde radica su éxito. Tolkien es honesto. No huye de la cruda realidad que envuelve a todos los seres fantásticos que crea. Seres tan parecidos a nosotros mismos que a veces congela la sangre el pensarlo. No olvida la corrupción del anillo incluso en aquel que pueda parecer más honesto, pues, "nadie está libre de pecado". Pero incluso en aquellos más perdidos hay una esperanza. Redenciones y caídas, tropiezos y encuentros, lealtad y desunión, venganza y servicio... Como la vida misma...


Entorno a la película

Peter Jackson. Ese es el nombre de quién por fin se ha atrevido a hincarle el diente a "El señor de los anillos" (obviando esa nefasta adaptación en dibujos animados que bien se la puede llevar el viento). 7 años de su vida. 3 dedicados exclusivamente al guión, uno entero sólo de rodaje, más preproducción y postproducción, resultaba una tarea nada desdeñable. Pero para este neocelandés de 40 años, casi tan parecido a un hobbit como Elijah Wood en su magnífica transformación de Frodo Bolsón de los Bolsón Cerrado, nada ha sido impedimento. Su amor por la obra de Tolkien, que contagió al equipo entero, pudo vencer todos los obstáculos. Sin duda, él ha sido el alma del proyecto, pero sin unos escogidos colaboradores, técnicos, guionistas, attrezzistas, actores, los de efectos especiales, nada hubiera podido ser posible. Es esta una de las producciones más colosales llevadas a cabo. Tres películas rodadas al mismo tiempo para dar la mayor credibilidad posible a cada uno de los personajes.

Si ya cada adaptación literaria tiene su miga, no digamos ésta, en donde la magia y la fantasía que Tolkien plasmó, supera con creces lo antes imaginado. De hecho, han sido necesarias 4 décadas para que la técnica cinematográfica pudiera recrear los mitos, paisajes y personajes de la historia.

Para que todo ello engranase a la perfección, Jackson, muy acertadamente, vio que los temas que más interesaban a Tolkien debían ser los cimientos de la película, siendo siempre su punto de referencia el libro: "Cada vez que escribíamos un trozo del guión, rodábamos una escena o confeccionábamos un traje, paisaje o prótesis, releíamos todo el equipo y yo, la parte del libro que correspondiera".

Ha sido ese amor y esa fidelidad a la obra de Tolkien lo que ha permitido realizar este estupendo trabajo de adaptación que no defraudará a nadie. La preocupación por crear todo con gran realismo, como si realmente hubiera existido alguna vez la Tierra Media, y el cuidado por los más mínimos detalles, satisfacerán hasta al más exigente de los fans del autor.

Estupenda también la recreación de cada uno de los personajes, en los que Jackson ha centrado todo su mimo y cariño. En todos ellos se puede ir viendo su evolución y crecimiento interior tal y como ocurre en la novela. Al principio ninguno es consciente de lo que puede llegar a ser. Están llenos de matices y enseguida puedes identificarte con ellos. Esta primera entrega "La comunidad del anillo" sólo es el principio de una gran aventura.


Imaginación al poder

Para realizar los decorados, trajes y prótesis de toda la película fueron necesarios cerca de 900 armaduras y cotas de malla, unas 2.000 armas de goma otras 2.000 prótesis de orejas, pies y caras, cientos de decorados: edificios, torres, laberintos... y todo ello buscando esa sensación de realidad que tanto le preocupaba a Peter Jackson. El diseño de cada uno de los elementos de la trilogía fue cuidado al máximo. Para ello, se necesitaba mucha imaginación y creatividad no sólo en la manufacturación sino en la economía de trabajo, de manera que todos los técnicos inventaban numerosas artimañas para ahorrar tiempo y esfuerzo. Así, por ejemplo:

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Usaban máquinas rociadoras de poliuretano, utilizadas normalmente para cubrir con una capa de goma torres de perforación en el Mar del Norte, de manera que el trabajo de construcción de edificios, que podía haber costado meses, lo reducían a semanas. Podían esculpir en horas cualquier cosa: yelmos, edificios, ruinas, montañas...

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Para que las galerías de Moria parecieran brillantes y húmedas, como repletas de joyas, tal y como indica la descripción del libro, rociaban constantemente las paredes con granito gris, que conseguía el efecto de forma duradera y rápida.

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Para diseñar los trajes, paisajes y decorados de la tierra de los elfos, Loth-Loórien, se aprovecharon los diseños del Art Nouveau por reflejar, como ningún otro estilo, la elegancia y la unión con la naturaleza de dicha raza.

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5.000 metros cuadrados de verduras, hortalizas y jardines de flores fueron plantados un año antes de empezar a rodar, para recrear Hobbiton con total verosimilitud.

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Multitud de equipos, se repartían distintos trabajos y funcionaban de forma autónoma, de manera que agilizaban espectacularmente el duro rodaje. Así, por poner un ejemplo, existía un equipo exclusivo para ensangrentar a los orcos en las escenas de batalla, otro para el sudor de los caballos, otro para rociar de polvo a los actores... Antes y después de decir ¡ACCIÓN!, todo el mundo sabía cuál era su puesto, como en una perfecta máquina de reloj.