Número 26, noviembre 2001

"Amelie", o cómo sacarse
el chicle de la boca






Tras toda una vida dedicado a golpear sin piedad ni miramiento en los flancos al relamido y plasta cine francés, y de encontrar entre sus pliegues y repulgos esa mezcla absurda de petulancia y vacío, va uno ahora y tropieza con una película que no puede ser más francesa, ni más divertida, ni más espectacular, profunda, inteligente, poética y fresca. Se titula "Amelie", lleva en cartel un par de semanas y es una fantasía de Jean-Pierre Jeunet concentrada en los hoyuelos de la actriz más encantadora en lo que va de milenio, llamada Audrey Tautou.

Y lo más fuerte: "Amelie" sólo es la punta de lanza de unas cuantas películas tan francesas como ella y que se van a comer cruda la cartelera ahora y durante los próximos meses. Títulos como "Vidocq", "El pacto de los lobos" o "Salir del armario" desamericanizan un poco el paisaje cinematográfico (y el otro, y así escupimos de paso durante un rato el chicle de la boca).

Pero volvamos a "Amelie": se podrían llevar sus primeros quince minutos de película al célebre concurso de "cómo pasar el mejor cuarto de hora del mundo... (con la ropa puesta)", y lo ganaría. La presentación de Amelie, de sus padres y circunstancias, de sus gustos y disgustos, está contado con tal ritmo y gracia que conviene hacer un parón para recuperar los niveles de triglicéridos y de colesteroles. Y tanto esa parte como el resto, largo, sinuoso, festivo y multicolor, está visto a través de la cámara al estilo Jeunet, el de Delicatesen, que es una cámara retorcida como el rabo de un cochino y saltarina como una colegiala contenta, y que husmea entre el personal (raro) y el escenario (recargado) como un buen lebrel en la sección de peletería de una grande superficie.

Tanta prédica tiene su protagonista, Amelie, sobre la escena y el patio de butacas, que uno, ya digo, hasta ahora alérgico al "tonillo" habitual del cine francés, acepta de modo espartano y sin salpullidos algunas de las afrancesadas licencias (que las tiene, claro) de esta película y disfruta con el resto, con su sentido del humor, de la aventura y del romance.

Oti Rodríguez Marchante