Número 26, noviembre 2001

El libro del mes
SAN EGIDIO, ROMA Y EL MUNDO



Andrea Riccardi
Editorial Ariel Derecho


La comunidad de San Egidio es un grupo de cristianos amigos de los pobres (especialmente de los inmigrantes, que son los nuevos pobres, los más numerosos e inesperados) que se han tomado en serio poner manos a la obra para la construcción de una cultura de la solidaridad. Son los eternos candidatos al Premio Nobel de la Paz y tan desconocidos por el gran público como el silencio de un quinto mes de embarazo. Consiguieron lo que parecía imposible: la paz en Mozambique después de dos años de negociaciones. El acuerdo de paz se firmó el 4 de octubre de 1992 en Roma. La fuerza moral durante las negociaciones fue la de ser realmente la voz, la única voz a veces, de la población. De esa población que siempre se queda maltrecha cuando las guerras civiles asolan los cultivos, las casas de las familias y muerden las laderas de las montañas.

El fundador de esta historia es Andrea Riccardi que, allá por el año 68, organizó un grupo de estudiantes que se reunió y rezó por primera vez en una pequeña ermita de Roma. Riccardi tiene muy claro que su secreto no es ni la fuerza militar ni la económica. "Nosotros — dice — podemos dar un testimonio de fuerza moral, de fuerza de civilización que después de todo es una fuerza de amor".

La comunidad de San Egidio lucha por las libertades. Trabajan por un diálogo fructífero entre el cristianismo y el Islam, y están convencidos de que cuando los hombres de religión se encuentran y hablan tiene lugar una transformación. Al mismo tiempo, no se chupan el dedo y realizan acciones para que los diversos estados musulmanes aseguren a las minorías religiosas unas mejores condiciones de existencia, pero huyen de la demonización de su cultura como sí ocurre, en cambio, en algunos rincones de Europa. "No es fruto de la casualidad — dice Riccardi - que sean algunos rincones de la extrema derecha, que históricamente no representan en nuestra civilización la fuerza del coraje y de la generosidad, los que explotan el miedo del Islam. La derecha racista, xenófoba y lepenista, denota un pueblo que se cierra, no una ciudad abierta. No es el espíritu de Roma o de París, ni el de Milán o el de Madrid". A pesar de que miles de jóvenes del mundo entero están vinculados a este movimiento, el espíritu de San Egidio no pretende jugar a ser una pequeña ONU, ya que, en palabras de su fundador, "debemos tener las puertas y las ventanas abiertas para continuar escuchando todos los dolores del mundo". El libro es una estupenda toma de contacto con esta gente que se toma en serio el sufrimiento del otro.

Dora Rivas