![]() Miguel de la Cuadra Salcedo se perdió una mañana en la selva amazónica y pasó un miedo atroz, se le vinieron encima los depredadores de la noche, le atacaron los mosquitos (los más terribles enemigos de la jungla) y pisó una docena de serpientes sin apenas advertirlo. La vida del fundador de la Ruta de Quetzal es tan apasionante como una trama de Salgari, y sus peripecias se han recogido recientemente en una biografía escrita, con pasión de amigos, por Antonio Franco y Antonio Pérez Henares. Es recomendable sobre todo para aquellos que quieran evitar las incomodidades de los viajes de altos vuelos, con sus vacunas y peligros, y prefieran disfrutar las peripecias de otros desde el sillón de casa.También hay vidas de escritores de renombre que fueron una auténtica aventura de manglares y anacondas. Entre ellas destacamos la biografía de Stevenson escrita por Chesterton. En ella, lejos de hallarnos ante un cúmulo de anécdotas de un típico romántico que abandona Occidente para adentrarse en lo prohibido de un paraíso recóndito, nos encontramos ante un Stevenson biografiado desde sus propias obras. Allí descubrimos La isla del tesoro, un alegato contra el pesimismo que asolaba a Europa cuando la obra se pergeñó: con los H.G. Wells (y su Guerra de los mundos), los Shopenhauer, el Wilde de aquella triste parábola sobre el destino del hombre: "Señor, estaba muerto y me has resucitado, ¿qué pudo hacer sino llorar?". Tras la aventura aparentemente liviana e intrascendente de La isla del tesoro se escondía toda una definición de confianza en el hombre. En Stevenson todo es claro y luminoso, como un tigre desperezándose, incluso en sus cuentos sobre las Highlands escocesas está todo, todo menos la niebla, la tristeza. La aventura del escocés, narrada por Chesterton, va más allá de esas clásicas historietas para no dormir. |