![]() Puntual como un catarro llega un año más Woody Allen, ese hombre que le pone letra a Manhattan y música de jazz envejecido a su muestrario de complejos. Brillante como siempre y endiabladamente gracioso como nunca, apar ece con el traje y el sombrero de Philip Marlowe, con la nariz de un sabueso y los modales de un chuleta de esquina. La película se titula La maldición del escorpión de jade y lo que en ella cuenta viene a demostrar que la imaginación de Woody Allen es un lugar fresco, florido y tan amplio que se podría levantar en él lo mismo un pueblo de veraneo que una filosofía de entretiempo. La trama es un prodigio de talento, igual que los diálogos y las situaciones, que invitan a la risa silenciosa, conejil (que el ruido de la carcajada no nos quite las nueces de sus comentarios), pero casi lo mejor de La maldición del escorpión de jade es su impresionante intercambio de golpes con Hellen Hunt. Cada escena entre ellos, y son muchas y de muy diversos pelajes y condiciones, es una explosión de gas, un "lifting" al estado de ánimo, una capa reciente de pintura, además de, cosa insólita, un modelo de romanticismo desaforado, febril, sin antecedentes en el último cine templado y escurridizo de Woody Allen: se lanzan el uno contra el otro como dos jaguares, casi con la misma fuerza y pasión que en aquella etapa voraz de Allen con Diane Keaton. Otro hallazgo de Woody Allen en su "catarro" de este año, además del embeleso romántico con Hellen Hunt en uno de los desenlaces más principescos que se recuerdan, es su traza de duro a lo Bogart, la cual despliega para seducir nada menos que a Charlize Theron, probablemente el metro ochenta de persona humana mejor explicado del mundo entero, y que viene a demostrar dos cosas: a) que Woody Allen la vio muy atentamente antes en su propia película Celebrity. Y b) que no estaba dispuesto a dejarla en esta ocasión en brazos de Kenneth Brannagh teniendo él también un par. Y con lo último de Woody Allen ya delante, de lo único que hay que lamentarse es de que nos queden otros once meses para la próxima.Oti Rodríguez Marchante |