DIRECCIÓN: Steven Spielberg
INTÉRPRETES: Haley Joel Osment, Frances O´Connor, Jude Law, William Hurt, Sam Robards, Brendan Gleeson. ***************************************** El interés por la creación de vida artificial inteligente es una obsesión bien arraigada desde antiguo en el hombre. De la cultura griega, con los mitos de Prometeo, Hefesto o Pigmalión -por poner algunos ejemplos-, a la cultura moderna, con la terrorífica novela de Mary W. Shelley, Frankenstein, y sus posteriores readaptaciones; y así, hasta llegar a la última revisión del mito, "Artificial Intelligence: A.I." El proyecto surgió cuando en los años 80 el difunto Stanley Kubrick descubrió una pequeña novela de ciencia-ficción, Super-Toys Last All Summer Long, escrita por Brian Aldiss algo más de una década antes y que cuenta la historia de un niño robot que lucha por conectar con su madre humana. Tras comprar los derechos del relato, Kubrick comenzó a fabricar la iconografía de lo que para él se convertiría en una auténtica obsesión. Prácticamente desde los inicios del proyecto estuvo presente Steven Spielberg a quién Stanley veía como el director ideal para su nueva creación. Tras la muerte de éste, Spielberg decidió rescatar la historia y contribuir, de alguna forma, a la memoria del gran director. Y eso es A.I., Kubrick pasado por el tamiz de Spielberg. La película posee toda la sensibilidad de Spielberg y todo el trasfondo de Kubrick. El primero crea un maravilloso cuento de hadas. Las referencias a Pinocho y a El Mago de Hoz son indiscutibles. El segundo aporta sus angustias vitales: orden y tecnología, ambición, estado, amor, fracasos sentimentales... Todo ello bajo la mirada de David, (Halley Joel Osment), un niño-rob Lo estupendo de la película es cómo Spielberg sabe aprovechar todos los elementos del mito original junto a los de la novela, para crear una historia que sabe avanzar, entretener y emocionar. El paso de la relación entre madre y robot -momentos de mayor intimidad- a la aventura de la búsqueda de su creador para hacerle un niño único y real, se realiza sin brusquedad alguna y en el momento preciso. Es brutal la escena en la que David se da cuenta de que no es más que un prototipo, un experimento. "¡Yo soy David, yo soy David!" grita aterrado. Es esa necesidad de sentirse único y amado la que lleva al pequeño meca al borde de la desesperación. Curiosamente, nada hay más humano que este sentimiento experimentado por la máquina. Sólo cabría discutir sobre si la última media hora la hubiera mantenido Kubrick (final cerrado y llevado al extremo, muy de Spielberg), o si la hubiera dejado en suspenso como, personalmente a mí me habría gustado. ¡Qué gran incógnita! Eva Latonda |