Trallazo de novela. nada cómoda de leer porque es dura, como una fachada cargadita de desconchones. Es la historia de un profesor de literatura que lleva una vida mediocre, imposibilitada para los brotes épicos o la maravilla. En el correr de los días el profesor trabará contacto con Clara, una joven
con la que iniciará una historia oscura como el invierno. Sin embargo, a pesar de la posible trivialidad del argumento y de la llegada de un final desesperanzado, el autor tiene la facultad de ofrecernos una sorpresa que cambia el color y la textura de la obra. El profesor se aleja de aquellas maldiciones proferidas a toda la humanidad que el personaje de Charlton Heston pronunciara al final de El planeta de los simios (la versión seria, no la chusca de Burton) por haber elegido la guerra y la destrucción. La película de Shaffner deja un regusto de desesperación, asunto muy querido por muchos maestros de la literatura apocalíptica desde H. G. Wells hasta nuestro Juan Goytisolo y su desasosegante pesimismo.
En vez de conducir a la humanidad hacia el abismo de la aniquilación y el sin sentido, Luca Doninelli nos transmite la posibilidad de "la sorpresa del bien" en un mundo cargado de alicientes para abandonarlo. Al tiempo, la obra es una crítica mordaz a la filosofía new age, tan en boga en los EEUU, y que hace del hombre una mera gota de agua en una especie de alma colectiva despersonalizada. Está magníficamente escrita, las frases son breves y certeras. Se lee en dos tacadas.
EL HAMBRE EN EL MUNDO EXPLICADA A MI HIJO
Jean Ziegler
Editorial Muchnik
Ojo a los que esperan, por el título, un libro facilón, de tono elemental, para que los chavales se introduzcan en temas de calado sin apenas notarlo, como si de una novelita de "El barco de vapor" o de un ensayito cómodo se tratara. Lejos de esta intención, el profesor Ziegler de la Universidad de Ginebra pretende hacernos caer en la cuenta de los azotes habituales a los que se ve sometido el Tercer Mundo desde una amplia perspectiva, sin las estrecheces de los intereses de partido o el tamiz de las informaciones periodísticas.
U
na de las primeras labores del profesor es echar por tierra el mito de que en la tierra hay una carencia objetiva de bienes, vamos, esa idea de Marx de que los bienes disponibles en el planeta son insuficientes para cubrir las necesidades elementales, de ahí que sean constantes las luchas por los alimentos, las guerras y los conflictos. La Tierra, sin embargo, podría alimentar por lo menos al doble de la población mundial actual. El segundo mito al que descerraja doce disparos es al de la selección natural, la idea de que las hambrunas ejercen una función reguladora en el aumento incesante de los habitantes de la tierra y por eso eliminan el excedente de seres que asfixian el planeta. Ziegler despelleja a Malthus aduciendo que son las decisiones solidarias las que pueden evitar las calamidades, no existe un misterioso fatum que todo lo envenena y al que nos vemos sometidos irremisiblemente. Ziegler apela a la necesidad de la acción, como comenta uno de los personajes de Harry Potter y la Cámara Secreta: "Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades".
En el libro se critica duramente a los señores de la Bolsa que, cuando se les habla de los suplicios de la hambruna, responden que para eso está la Cruz Roja, la ONU, etc., mientras ellos siguen en el carro de la especulación. Se critica también la destrucción masiva de alimentos por parte de los países ricos. Se habla del "arma alimentaria", del bloqueo alimentario al enemigo para obligarlo a su entrega. El arma alimentaria ha sido utilizada por Milosevic en Sarajevo y lo hace EEUU con Egipto, aportándoles sus excedentes de cereales para comprarles el voto pro-yanqui, así de cómodo. En el libro aparecen muchos temas que escuecen y queremos ocultar, como el nacimiento de los nuevos barrios de podredumbre en los arrabales de las grandes ciudades, como en El Cairo, Sao Paulo, Manila; la desertización y el aumento de refugiados.
Libros como estos son los que pueden aportar argumentos al famoso debate de la globalización desde la moderación y el buen juicio.