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"Tolkien considera la fantasía como la cumbre de la actividad más humana y a la vez más divina: la creación artística. Pues, según él, "hacemos a nuestra medida y a nuestra manera derivativa porque nos hacen; y no sólo nos hacen, sino que nos hacen a imagen y semejanza de un Hacedor". Los buenos mitos ofrecen renovación, una visión clara del ser humano, de su dignidad y de las leyes morales que rigen su mundo. Por evasión entendía Tolkien la huida de las preocupaciones cotidianas, para vivir la misma aventura que vive el protagonista del relato. Y esa evasión es siempre consoladora, es decir, acaba en un final feliz, entendiendo como tal la consolidación del propio héroe que ha de haber crecido en autoconocimiento y en virtudes. Es el gozo que puede llegar a ser "un destello, un eco del evangelium en el mundo real". Pues, para él, "el Evangelio no ha desterrado las leyendas; las ha santificado, en particular el final feliz".
Jerónimo José Martín, Aceprensa, 18 diciembre 2001 |