Número 28, enero 2002

Cinco hombres sin piedad,
o que cada uno piense
lo que quiera


En todas las familias las fiestas navideñas, los cumpleaños, bodas, bautizos, comuniones e incluso entierros se convierten en una auténtica ocasión para los cazatalentos. Siempre hay un tío que desde su tierna infancia destacó por su modo infalible de contar chistes. No se resigna a no haber triunfado e insiste, acontecimiento tras acontecimiento, en mostrar su arte. Y ¿qué me decís de ese sobrino/a, claramente más atractivo que el resto y que encima se arranca fácilmente por soleares o te recita un poema y es muy simpático? Pues en este país parece que de un tiempo a esta parte, todos los talentos han salido de debajo de las opíparas cenas de Nochebuena y cumpleaños y han tomado los escenarios. ¿Cómo? Muy sencillo, con el monólogo, la charla, un micrófono y su "desparpajo". Debe ser suficiente y parece que han inventado algo original y novedoso, que el público, que jamás antes pisó un teatro, agradece como agua de mayo.

El género del monólogo es más antiguo que el propio teatro. En todas las culturas ha surgido un personaje que ha contado historias al pueblo, propias o inventadas, reales o con contenido político, ético, cultural o fantástico. Sin embargo hay que diferenciar algunos aspectos de las artes escénicas. No es lo mismo un narrador oral escénico que, sin el abrigo de ningún personaje, nos cuenta una historia, que un orador, en el que no existe ningún elemento escénico, sólo transmite un mensaje con las reglas de la oralidad y no del escenario; o que un actor que se expresa en escena a través de un monólogo.

En Estados Unidos, surgió hace varias décadas la figura del humorista-actor. Woody Allen, trabajó esta modalidad durante años en los clubs de jazz de Nueva York. En la película Bésame tonto de Billy Wilder, el personaje de Dean Martin es un conocido showman que va realizando su gira por todo el país. Habla de sí mismo en un tono cómico y dice divertidas frases como "Mi médico me ha prohibido beber whisky, por eso lo congelo y me lo como en cubitos". Este tipo de trabajo escénico es complicado. No por el hecho de que el profesional se encuentra solo en escenario, sin más respaldo que su discurso y sin poder derivar el miedo escénico ni siquiera un minuto en otro compañero. Requiere una técnica y una dirección adecuada de la misma manera que lo exige una obra de teatro con varios personajes. En algunas ocasiones, sentimos en escena el efecto contrario. El hecho de contar con un buen libreto (de los aceptados por la crítica y el público, que se ha representado en varias ocasiones) y con un determinado reparto (actores consagrados tras largos años de profesión, de esos que tienen tablas y que son capaces de recitar las obras de Lope como de llegar al fondo de un texto actual), hace que ciertos directores piensen que todo está resuelto. Evidentemente esto no es así y se resiente el espectáculo. El ejemplo más claro lo tuvimos hace unos meses con la obra Doce hombres sin piedad dirigida por Ángel García Moreno. Por muy grande que sea un actor, un montaje teatral requiere una dirección, ya que esa es la misión del director, crear un conjunto artístico con los mejores elementos escénicos. Cuando se combinan estas partes, surge el espectáculo.

Sea bienvenido el monólogo, la oralidad, la narración oral... pero hecho por profesionales, igual que no todo el que tiene ritmo puede bailar El lago de los cisnes.

Paloma Merino

Recomendaciones:

Cátedra iberoamericana itinerante de Narración Oral Escénica:

Este grupo de narradores orales, dirigido por Francisco Garzón Céspedes, cuenta historias divertidas, dramáticas, embaucadoras... pero siempre desde un riguroso trabajo y con muchas horas de preparación continuada; no sólo con ensayos sino desde la compresión de la oralidad y la escena. Podéis verles todos los miércoles en La Tramoya (C/ del Ruiz, 7) a partir de las 21.30. Estad pendientes de los festivales que realizan temporalmente en el Centro Cultural de la Villa.

Cinco hombres.com

Está siendo el espectáculo más aclamado de la cartelera. Merece la pena verlo, aunque en algunas intervenciones podrían poner los anuncios. Sin embargo, están dos de los mejores profesionales del momento. Algunos de sus actores participan a su vez en el famoso Club de la Comedia. En este espectáculo es donde se aprecia claramente quién sabe lo que está haciendo y quién no. En muchos de ellos sentimos esa peligrosa sensación de estar como en casa, vamos que podría ser perfectamente algún primo que se ha escapado de la última reunión familiar. La naturalidad, la falta de tensión y la seguridad encima de un escenario no lo es todo. Esto son elementos comunes a cualquier arte escénica y a la oralidad pero no son lo más importante en un montaje teatral.


RÓMPETE UNA PIERNA

Parece que de un tiempo a esta parte, sólo se aprecia sobre el escenario el humor y la carcajada, que lo provocan muchas veces la comicidad de temas habituales y universales. Es decir, lo cómico que tiene lo cotidiano. Dijo un actor francés de teatro: "A mí ya no me preocupa si el público se ríe o no, porque si están callados y no se ríen por lo menos están escuchando". Y es que aunque la risa es muy sana, detrás de una obra de teatro puede haber mucho que escuchar.