OJO DE PEZ
AL LORO CON LOS AÑOS CAPICÚAS
(NO CACATÚAS)
Ahora, hay que enfrentarse muy seriamente a una circunstancia prevista pero inexorable (tatatachán): estamos en un año capicúa, lo que nos obliga a ponernos serios, pues sólo ha ocurrido una vez antes en todo el siglo largo de existencia del cinematógrafo, en 1991, y lo que da aún más vértigo, algo que no volverá a ocurrir hasta el año 2112; o sea que muy mal se nos tienen que dar las cosas para que vivamos otro. Habrá quienes no le den importancia a este hecho: ¿qué más le dará al cine que sea nuestro segundo y último año capicúa?... Personalmente, y sin ser de esos que se van a lo alto de un monte para ver el cometa X, que no volverá a pasar ante nuestras narices hasta dentro de mil seiscientos años, no desecharía este dato alegremente, al menos sin señalar la importancia de algunos títulos aparecidos en la anterior fecha capicúa. Sólo unos cuantos de la cosecha de 1991: El silencio de los corderos, la obra maestra de Jonathan Demme; La doble vida de Verónica, la raíz cuadrada y el aliento de lo que luego sería la trilogía de colores de Kieslowski; La belle noiseuse, para unos la gran película de Jacques Rivette (aunque para otros -dedo levantado- un tostón de cuatro horas largas); "Europa", en la que Lars Von Trier ya empezaba a rizarse como el rabo de un cochino, o Barton Fink, donde los hermanos Coen em Éstas son las grandes obras capicúas de la historia del cine, a las que hay que suponer que en unos cuantos meses se unirán algunas más: pero, ¿cuáles?... Y aquí es cuando le toca a uno el turno de meter la pata: ¿la de Almodóvar?..., ¿la de Tarantino?... ¿la de Clint Eastwood?... Yo apostaría por Scorsese y Gang de Nueva York, por Spielberg y Minority report y por Ridley Scott y Black Hawk Derribado. Aunque para película histórica de 2002 la primera que se ha rodado en Nueva York tras el atentado del 11 de septiembre, una francesa, Au plus près du paradis, de Tonie Marshall, con Catherine Deneuve y William Hurt en una especie de remake del Tú y yo de McCarey, el segundo, el de Cary Grant y Deborah Kerr. Y ahora, para ganarme el sueldo, tendría que adelantar algo también del siguiente capicúa, el del año 2112, pero se me acaba el espacio. Oti Rodríguez Marchante
Por fin nos hemos sacudido de encima el cine del mes de diciembre, que es un cine pegajoso para la vista y el gusto y absolutamente transparente para el cerebro, un cine gasificado, turronero, cursilón y de arcadita de bilis.
pezaron unas divagaciones cinematográficas en las que aún hoy, afortunadamente, siguen perdidos...