Juan Pablo II empezó el año del euro con una tonelada de mensajes de esperanza frente al apocalíptico y atronador discurso de muchos visionarios que han visto en el 11 de septiembre el inicio de la cuesta abajo para la humanidad. Así lo ha hecho saber en la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero), en el discurso ante el cuerpo diplomático (10 de enero), y en el encuentro de oración de Asís (24 de enero). Entre los motivos de esperanza, el Papa ha mencionado la progresiva unificación de Europa, simbolizada en la adopción de una moneda única en doce países, aunque también dijo que es importante que la ampliación de la Unión europea siga siendo una prioridad y que en la Constitución de la Unión se expliciten los valores sobre los que ha de apoyarse la construcción europea. "He constatado no sin cierta pena - ha dicho - que entre los miembros que deberían contribuir a la reflexión sobre la Convención instituida durante la cumbre de Laeken, las comunidades de creyentes no han sido mencionadas explícitamente. La marginación de las religiones que han contribuido y siguen contribuyendo a la cultura y al humanismo de los que Europa se siente legítimamente orgullosa, me parece que es al mismo tiempo una injusticia y un error de perspectiva. Reconocer un hecho histórico innegable no significa en absoluto ignorar la exigencia moderna de una justa condición laica de los Estados y, por tanto, de Europa". También habló del parlamento legítimo instituido en Kosovo como buen augurio para un futuro más democrático de la región, de la participación de China en la Organización Mundial del Comercio y de la conveniencia de apoyar al nuevo gobierno instituido en Kabul en sus esfuerzos con vistas a una efectiva pacificación de todo Afganistán.
Entre las ambigüedades y fracasos el Papa constató las tensiones que enfrentan a India y Pakistán y la injusticia de la que es víctima el pueblo palestino desde hace más de cincuenta años. "Nadie puede negar el derecho del pueblo israelí a vivir de modo seguro. Pero nadie puede olvidar tampoco a las víctimas inocentes que, de una parte y de otra, caen todos los días bajo los golpes y los tiros. Las armas y los atentados sangrientos nunca serán instrumentos adecuados para enviar mensajes políticos a los interlocutores. La lógica de la ley del talión tampoco es adecuada para preparar los procesos de paz". Como ha dicho muchas veces, sólo la aplicación del derecho internacional, la evacuación de los territorios ocupados y un estatuto especial garantizado internacionalmente para los lugares más sagrados de Jerusalén, son el primer eslabón de un principio de pacificación en esa parte del mundo que rompa así el ciclo infernal del odio y de la venganza.
También se ha pronunciado en favor de relanzar un discurso en favor del papel y la práctica de la religión en la vida de los hombres, como dijo en el mensaje para el 1 de enero: "Es una profanación de la religión proclamarse terroristas en nombre de Dios, hacer en su nombre violencia al hombre. La violencia terrorista es contraria a la fe en Dios, creador del hombre; en Dios que lo cuida y lo ama".
Y entre los desafíos de los nuevos tiempos Juan Pablo II ha señalado un puñado:
- La defensa del carácter sagrado de la vida humana en toda circunstancia, en particular ante las manipulaciones genéticas.
- La promoción de la familia, célula fundamental de la sociedad.
- La eliminación de la pobreza, mediante esfuerzos constantes en favor del desarrollo, de la reducción de la deuda y de la apertura del comercio internacional.
- El respeto de los derechos humanos en todas las situaciones, con especial atención a las categorías de personas más vulnerables, como los niños, las mujeres y los prófugos.
- El desarme, la reducción de las ventas de armas a los países pobres y la consolidación de la paz, una vez terminados los conflictos.
- La lucha contra las grandes enfermedades y el acceso de los menos pudientes a la asistencia sanitaria y a los medicamentos básicos.
- La salvaguardia del entorno natural y la prevención de las catástrofes naturales.
- La aplicación rigurosa del derecho y de las convenciones internacionales.