Número 29, febrero 2002


Es de cajón que nos haya afectado la muerte de Cela. Es como si hubieran echado de clase a nuestro mejor amigo. Los medios de comunicación se han encargado últimamente de lanzar barro a las pecheras de su traje cuando nos hablaban de que si se había autoplagiado en algunos discursos, que si La cruz de San Andrés era un calco de otra historia... Pero ése es el papel de los medios de comunicación, nada de ofrecernos la posibilidad o el estímulo de la lectura de sus obras, lo mejor es la noticia barata, la ocasión de frivolizar.

Sabemos que lo echaron de cuatro colegios, porque se aburría "como una ostra", su imaginación desbordada se batía con la palabrería vana de los profesores y sus ojos alcanzaban a ver más allá de los encerados. El bachillerato lo estudió en Vigo, con los padres escolapios y los marianistas. Por supuesto que siempre se jactó de haber hecho de todo: pintor, torero, como actor lo vimos en la adaptación que Camus hizo de La Colmena y, además, soldado y funcionario. Con La familia de Pascual Duarte (ese pestiño que uno se tiene que tragar en el colegio o esa obra maravillosa que uno lee con fruición cuando la obligación brilla por su ausencia) le vinieron los reconocimientos. Le bautizaron de tremendista. Incluso Pabellón de reposo se vio como una obra oscura y pesimista, la sombra de una sombra. Sin embargo en sus páginas hay una ternura escondida, como de gato que no quiere mostrarse. Cela siempre fue un explorador del lenguaje y disfrutaba de lo que denominaba "las fintas de la literatura". Su literatura jamás podrá ser de best-seller o material básico de adaptación cinematográfica (como lo es el 80% de la producción de nuestros días). Por eso a Don Camilo se le perdona todo, hasta la Vuelta a la Alcarria en Rolls con aquella choferesa negra.

Como dijo en una de sus obras: "¡Qué gusto pensar que es cierto que la Gloria existe, que es un aéreo paraje donde los desgraciados poetas tuberculosos encuentran la receta exacta de los poemas, la fácil lírica poética que todo lo expresa!". Pues a la Gloria se nos fue, a redactar poemas (que era justamente el lote peor de su producción).