Denis Rousseau y Corinne Cumerlato
Editorial Planeta
Subrayamos especialísimamente este libro sobre Cuba elaborado por un par de periodistas jabatos que han sufrido el desguace moral de la persecución castrista. Ya sabemos que los periodistas extranjeros de la isla son mirados con lupa por si se salen un ápice de la pista central del régimen. Los hay que apoyados por un grupo de intelectuales han montado una página web desde la isla para favorecer (desde dentro) una cultura anticastrista que suponga un renacimiento de la igualdad, la legitimidad democrática y la defensa de las libertades. La dirección es cubaencuentro.com, ¡apasionante! No se explica cómo todavía sobrevive el régimen que regenta ese... tiranosaurio rex (nunca mejor dicho). Quizá sea porque se alimenta de una corteza burocrática sin límites que impiden un solo movimiento ajeno al destino del líder. La burocracia ha inventado trámites para todas las circunstancias ordinarias, como entrar en la universidad o comprarse una bicicleta, y todo ello bajo la sombra de un expediente permanente de vigilancia estrecha que acompaña al cubano hasta el último día de su vida. Anacrónico resulta el Comité de Defensa de la Revolución, un organismo del régimen comunista que tiene como cometido el espionaje cerrado de cada bicho viviente. Y la gente padece, ya lo decía el poeta Nicolás Guillén en una loa a su tierra, "que es de sangre tu palmera, y que tu mar es de llanto, bajo tu risa ligera miro la sangre y el llanto".
El libro es pródigo en datos sobre Fidel. Sus autores ven en su condición de hijo bastardo (su nacimiento fue el fruto de los amores de un soldado español y una asistenta cubana) y en su rencor primerizo, una permanente reivindicación de reconocimiento público. De hecho, hoy quiere convertirse en el líder de todo un continente, el abanderado de la paz en Hispanoamérica. En el libro hay referencias a la labor extraordinaria de la Iglesia católica en el proceso de reconstrucción moral del pueblo, especialmente tras las visita del Papa Juan Pablo II a la isla. Así, en 1993, en una carta pastoral llamada "El amor todo lo espera", el episcopado cubano hacía unas críticas acerbas al régimen de Castro. Desde la revista Vitral (que aparece en Internet en vitral.org y es interesantísima si uno quiere conocer de verdad lo que pasa en la isla) la Iglesia cubana pretende hacer la misma labor que realizara el Papa en Polonia durante la ocupación comunista: organizar a la población civil desde la cultura, las tradiciones y la fe cristiana y sentar las bases de un régimen que defienda la dignidad de sus gentes.
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Piero Boitani
Editorial Península
Ulises es uno de nuestros mitos más cercanos, es el vecino de enfrente, el que te presta la sal cuando te hace falta. Toda nuestra literatura, el "canon occidental" (para utilizar la terminología de Harold Bloom) está agradecida, herida o resentida por Ulises. El personaje de Homero que traspasó las columnas de Hércules y se aventuró más allá de lo explorado, se ha convertido en un símbolo de la aventura, del saber y de la tecnología. Sin embargo, el autor del libro, el italiano Boitani, es sincero cuando admite la dificultad a la hora de interpretar debidamente un mito con tantas aristas. La modernidad lo convirtió en ejemplo de sabiduría, de conocimiento frente a las antiguas tradiciones (como las dependencias religiosas y naturales) y se alzó en el portaestandarte de una humanidad tecnificada y liberada de anacrónicos lazos. Incluso Walt Whitman estaba enamorado de la capacidad de invención humana, de los ferrocarriles transcontinentales, de los cables telegráficos transatlánticos... Sin embargo, hemos asistido, gracias a nuestra historia reciente, al ocaso de ese Ulises creado a su propia imagen y semejanza ya que hace tiempo que nos hemos dado cuenta de que nuestro Ulises, por mucho que se aleje de la orilla, nunca llegará a dar una explicación de sí mismo por sí mismo. Como decía Pascal, "tal es nuestra verdadera condición, la cual nos torna incapaces ya de conocer con plena certeza, ya de ignorar de manera absoluta; y nos abrasa el deseo de encontrar un orden estable, pero todo fundamento nuestro cruje".
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