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PROGRES PRO-ISLAM
Reconozco que esperaba que las cosas transcurrieran de una manera distinta. Cuando han empezado a surgir una noticia tras otra referentes a niñas a las que se obliga a llevar el hiyab o no se permite hacer gimnasia en el instituto o se veda realizar trabajos con niños en su propia clase, alentaba la esperanza de que los colectivos feministas pusieran el grito en el cielo pidiendo que se liberara a las mujeres musulmanas de semejantes muestras de esclavitud. También esperaba - aunque aquí reconozco que con menos fuerza - que los progres, en general y las izquierdas, en particular, celebraran con alborozo la caída del régimen taliban, las críticas a las dictaduras musulmanas y cualquier golpe que se asestara al integrismo islámico. Sin embargo, lo que he visto en los seis últimos meses ha sido todo lo contrario. La intolerancia islámica hacia la mujer se ha visto convertida en bandera para acusar de intolerantes a los occidentales que no ven la posibilidad de integrar ciertos comportamientos en sus sistemas democráticos y la lucha contra algunos de los regímenes más repulsivos del globo ha sido motejada de imperialismo exactamente igual que cuando Francia y Gran Bretaña decidieron por fín pararle los pies a Hitler. Todo este guiso incomestible ha venido acompañado por otra parte de un aliño antiliberal reserva 1917 y una nutrida guarnición de anticlericalismo seguramente en la convicción de que la bazofia resultaría así más comestible. En otras palabras, shador - si es en España, claro - sí, obispos, no; dictadura islámica, sí; liberalismo, no. Con tratarse de una cadena de comportamientos que en su patetismo resultan hasta ridículos no me atrevería yo a considerarlos tan absurdos y descerebrados como pueden parecer a primera vista. El pensamiento "políticamente correcto" sabe que tiene algunos adversarios de envergadura nada dispuestos a comulgar con ruedas de molino. De entre ellos, ocupa lugar de honor el cristianismo. No puede resultar extraño que intente meter a los creyentes el dedo en el ojo con razón o sin ella siempre que se presenta la ocasión. Tampoco lo es que para avanzar en su lucha contra cualquier adversario intelectual o espiritual se alíe con los referentes más impresentables del globo siquiera porque son aliados naturales de cierta fuerza. No creo que a la progresía le preocupe de corazón la situación de la mujer -a las pruebas islámicas me remito- pero sí que le interesa utilizarla como arma arrojadiza. Tampoco creo que tenga el menor interés por los homosexuales como personas necesitadas pero sí se complace en cualquier mensaje que pueda lanzar contra la familia. Menos aún creo que le importen las libertades y el bienestar de los oprimidos cuando mira con tanta complacencia a las dictaduras islámicas o a la de Fidel Castro. Se trata simplemente de una táctica a la que muchos contribuyen por buena fe, por ignorancia, por intereses personales o por alergias particulares. Lo que sucede es que esa táctica no deja de tener consecuencias perversas y no es la menor la de que los supuestos defensores del progreso levanten el estandarte a favor de una forma de vida absolutamente medieval. Claro que si en su día aclamaron a Stalin y a Mao, ¿por qué no iban a hacer hoy lo mismo con los ayatollahs? Al final, como señala el evangelio de Mateo, los "cansados y cargados" sólo tienen un lugar al que acudir y ése no es otro que Jesús.
César Vidal
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