Número 31, abril 2002

Aunque muchos no lo crean, Madrid tiene sus clásicos. Ciudad con menos años que otras muchas, Madrid guarda bajo llave mucha historia. A algunos, de fuera, les resulta inconcebible que la Villa y Corte nos produzca a los de aquí un sentimiento de arraigo, de casa. Que, por cualquier carretera nacional de acceso a Madrid, en el infernal atasco a la vuelta de un viaje, uno perciba el olor de lo suyo, de sus raíces. Ciudad fría para el que no la vive y un paraíso para el que la conoce. Madrid esconde tesoros de historia en cada una de sus calles y rincones. El Teatro Pavón, inaugurado en 1925, cerca de Cascorro dio vida a un barrio castizo con mucha seña de identidad. En su escenario Celia Gámez adquirió la fama merecida que resuena hasta nuestros días. La Revista fue un género propio del barrio y de sus vecinos. Las obras y los espectáculos del Pavón se renovaban continuamente, satisfaciendo al público de Madrid, exigente y aficionado: "No se recuperaba la gente de un éxito y ya tenían otro en cartel", escribían los críticos de la época. Como buen madrileño, este teatro acogía y lanzaba con gusto a los artistas de fuera. En Madrid no existe miedo con lo no autóctono, quizás porque se ha formado con pequeñas piezas de numerosos lugares. Se convirtió en centro de referencia de la canción española, del flamenco: Manolo Caracol, Miguel de Molina (al que dieron una paliza en los camerinos del local como se refleja en la película "Las cosas del querer" )… Pero, por problemas no bien conocidos, el teatro se cerró y esta época dorada se apagó. Tuvo la suerte de librarse de la piqueta y el maravilloso edificio (obra del arquitecto vasco Teodoro Anasagasti) se mantuvo en silencio muchos años, como un fantasma, "el fantasma de la calle Embajadores".

Yo (que he nacido en pleno siglo XX y que me han educado en la cultura de la libertad, del razonamiento, de la ciencia y de la tecnología, que soy de la generación de los que creemos ciegamente en la teoría de Darwin sin que esto haya supuesto una ruptura en la moral, ni en la ética, para quien Einstein es un genio incomprensible y su Teoría de la Relatividad la base de nuestra mente) creo que existen fuerzas inexplicables por nuestras teorías científicas, que harían que la tierra se parara en un segundo, que harían que se saliera de su órbita, que el cielo se cayera sobre nuestras cabezas como temían los galos de Astérix y Obélix, por culpa de muchas actitudes absurdas, de muchas aberraciones que se cometen contrar la vida. Estas cosas podrían haber sucedido a lo largo de los siglos… Sin embargo, pequeñas luces pero luminosas, hacen que la vida nos dé una nueva oportunidad. Esas luces son los sueños de unos pocos, en definitiva el motor del mundo. La iluminación de resucitar el Teatro Pavón ha estado en la mano de la Compañía Zampanó.

Compañía Zampanó

El 1 de noviembre de 1999 y tras múltiples intentos fallidos de recuperar el Teatro Pavón, la Compañía Zampanó lo abre de nuevo.

Esta compañía fue pionera en lanzar de nuevo a los autores del Siglo de Oro, a nuestros clásicos en los años ochenta. "Los clásicos están vivos", ha sido y es su lema.

Se inspiraron en la restauración del Globe Theatre inglés para hacer la del teatro Pavón. The Globe estuvo cerrado durante años, se dice que el propio Shakespeare actuó en él y gracias a una iniciativa se ha vuelto a abrir. Dado que la cantidad económica que necesitaban era muy elevada (200 millones de pesetas) pusieron en marcha la idea del mecenazgo popular. La gente daba un dinero y "un trocito" del teatro era suyo. Un ladrillo, un palco, un asiento. Evidentemente es una idea práctica y a la vez romántica, que permite que todos estemos muy cerca del teatro y que no sea sólo el territorio de unos cuantos.

Gracias a esto, hoy la modernista fachada del Pavón ilumina el corazón del Rastro.

El Condenado por Desconfiado

Tirso de Molina, con "El Condenado por Desconfiado" es el autor clásico que inaugura el teatro. La obra, poco conocida, ha sido llevada a los escenarios con una versión y adaptación libre. De este modo la Compañía Zampanó sigue con su intento de acercar una de las joyas de nuestro patrimonio, el teatro clásico, a todos los públicos.

El argumento de la obra es muy interesante y, como sucede con la mayoría de los textos clásicos, superponible a la situación de nuestros días. Paolo, alma entregada a Dios, y cuyo máximo objetivo en la vida es conseguir el paraíso en la otra, descubre que su destino divino está ligado al de otra persona. Esto hará que sus almas corran la misma suerte cuando mueran. Paolo, pierde esta vida y su energía en el intento de la salvación eterna.

Paloma Merino



Rómpete una pierna

Zampanó, es el personaje que interpreta Anthony Quinn en La Estrada de Federico Fellini. Federico la escribió pensando en él. Habló con el actor, preguntándole si le interesaba el guión y que cuánto cobraba. Nunca dijo Fellini la cifra que le pidió Quinn, sólo sabemos su respuesta "Con eso hago yo dos películas". A los pocos días y tras leer el libreto, el famoso actor no sólo aceptó, sino que además produjo la película.