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DIRECCIÓN: Pedro Almodovar
INTÉRPRETES: Rosario Flores, Darío Grandinetti, Javier Cámara, Leonor Watling, Geraldine Chaplin
Que a Pedro Almodóvar le gusta provocar, es vox populi. Allá donde va, arrastra tras de sí un halo semicutre y posmoderno que recubre su obra y su ser (¡conste que lo de cutre no lo digo en mal plan!). Lo más probable es que el director disfrute dando esa sensación... Y es que Pedro Almodóvar, es un hombre sin complejos... Sólo alguien con esa capacidad, puede venderse como él se vende (¡que vuelva a constar que lo de venderse tampoco lo digo en sentido negativo!).
Dicen que es el director español más internacional, y dicen bien... pero, ¿qué hay de Amenábar?, (por cierto también termina en "ar", ¡qué cosas!). Pues que por muchas películas como Los otros, y por muchas actrices como Nicole Kidman que quiera, su nombre no es conocido en Norteamérica. Aún poseyendo más talento que Almodóvar, Amenábar carece de la imaginería, estética y estilo que caracterizan el cine del manchego y que lo hacen tan distinto. Pero en el fondo, todo esto no es más que puro marketing, un jugoso producto comercial, una gran pantalla, a eso me refiero con lo de que Almodóvar sabe venderse. La realidad es que detrás del conocido director se esconde una persona normal y corriente, con sus miedos y obsesiones, con necesidad de cariño, y ansiedad de comprensión... de comprender lo que no entiende ni él mismo. Por eso sus películas son tan complejas, tan extrañas... Con personajes que se mueven arbitrariamente, sin pautas ni convicciones.
Hable con ella es, en este sentido, una historia un poco distinta a las demás. Los protagonistas parecen estar motivados por algo más que por el capricho del director, y eso, la hace mejor que el resto. El personaje estrella es Benigno, un enfermero "enfermo" de soledad, magistralmente interpretado por Javier Cámara. Él es el rostro de la soledad, tal vez el personaje más entrañable de toda la galería de personajes almodovarianos, y, sin duda, al que mejor ha tratado Pedro. A mi juicio, la historia ganaría en intensidad sin todo el preámbulo de Rosario Flores y Darío Grandinetti, que no hace más que dispersar, desconcentrar y, digámoslo, aburrir. Pero toda la parte de la relación entre Benigno y Alicia (Leonor Watling) y la historia de amistad entre él y Marco (Grandinetti), es auténtica y creíble. Pero... cuando por fin crees ver que Almodóvar ha asumido que existe la gratuidad y la entrega, que las personas, en la vida real, no nos movemos sólo por instinto o por pasión, cuando parece querer desnudar su alma como nunca antes lo había hecho, te encuentras con que Benigno, está loco, fuera de la realidad, y entonces, todo se desmorona. De golpe y porrazo vuelve a ser Almodóvar, el producto de marketing, la pose. ¿A qué tiene miedo Almodóvar? Según él, a su subconsciente. ¿Por qué le traiciona? Tenía en sus manos la posibilidad de contar una historia tan rica como la de Benito Zambrano en Solas, pero...
Ánimo Pedro, esta vez casi lo consigues...
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