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Gustavo Villapalos
Gustavo Villapalos.- Yo creo que hay programas de televisión que no pretenden mostrar personas sino sus caricaturas, destacando precisamente los antivalores. En mi libro he querido mostrar principios esenciales como la alegría, el bien, y cómo ese bien se encarna en personas de carne y hueso, algunos son contemporáneos otros no y, a pesar de los problemas y dificultades han mostrado en sus biografías una ineludible tendencia hacia el bien. C.- Defines valor como presentimiento del bien al que todos los seres humanos estamos llamados, coméntanoslo de forma más clara. GV.- La polémica de Sócrates con los sofistas, que aparece en la obra de Platón, trata justamente de que en torno a la idea del bien se agrupan todas las grandes ideas del hombre, y la idea máxima del bien se acaba identificando con lo divino. Desde entonces quedaron definidas varias cosas: que existen valores incondicionales que no dependen de la historia, de las biografías de los hombres; que pueden ser conocidos por el hombre y que la vida moral es objeto de felicidad y de alegría. La alegría no consiste en hacer lo que me da la gana sino en la búsqueda del bien, ese valor inscrito en la naturaleza humana como fiel reflejo de la ley divina. C.- ¿Los jóvenes nos movemos por ideas o tenemos creencias sólidas? GV.- Yo creo que los jóvenes no tienen muy claro el suelo de las creencias en el que están, por eso muchas veces se sienten náufragos. Pero el universo de los valores está en marcha, después del 11 de septiembre estamos en un tiempo en el que mucha gente puede abandonar las ideas de eficacia y seguridad, volviendo al suelo firme de los valores arraigados en la naturaleza. Lo que pasa es que hay una crisis de formulación de los valores, es decir, hace falta una nueva presentación de los mismos. Hasta ahora hemos vivido una ética muy kantiana que destacaba mucho el elemento de lo prohibido, pero no se ha destacado suficientemente la alegría y la bondad de hacer el bien. Hay un libro de Romano Guardini que se llama Una ética para nuestro tiempo, que es un intento de presentación de una ética para el gran público. C.- ¿No es un poco pobre ver a nuestro continente cohesionado sólo a partir de la economía? GV.- Una Europa unificada sólo económicamente ni siquiera es una Europa unida. Lo que tiene que hacer Europa es reencontrase con el espíritu del derecho romano y con sus raíces cristianas, ese cúmulo de valores que le permiten constituirse en una realidad espiritual. Un personaje como Schumann demuestra lo imprescindible de esa identificación espiritual de Europa. C.- Se dice que los grupos antiglobalización son los que defienden los valores humanos y los grupos oficiales son los devoradores capitalistas, ¿es cierto?, ¿el problema es de los medios de comunicación que nos lanzan iconos estereotipados?
C.- ¿Cómo podemos seguir hablando del hambre en el mundo cuando hay recursos suficientes para todos? GV.- Por el puro interés económico. El emperador Adriano hizo construir un muro que separaba el Imperio del caos (aquí la prosperidad y al otro lado el horror). Esto es un error, a un lado la abundancia y en el otro la pobreza y la miseria. No hay ley de extranjería ni medida policial que evite el fenómeno de la inmigración. Mientras no haya una política coherente de transferencia de tecnología, de conocimientos, de instrumentos, de posibilitar la autoafirmación y la autoeducación, la presión de esos países va a ser permanente. Aunque sólo fuera por razones egoístas y no altruistas sería indispensable una actitud claramente de apoyo al desarrollo. Cuando hay una guerra en Afganistán vamos a darles alimentos y a reconstruir su tejido político, pues eso es lo que habría que hacer con todos los países pobres, y si no se hace... malo. C.- ¿La televisión es destructora o favorecedora de valores? GV.- Puede ser transmisora de valores auténticos, sólo que apenas se hace. Operación Triunfo ha logrado aportar valores muy positivos como la solidaridad, el esfuerzo, el sobrellevar las dificultades, elementos que no tienen nada que ver con lo que nos dan en otras cadenas y se ha convertido en el programa de más audiencia de los últimos años. La televisión no tiene por qué despotricar de todo, poner en solfa todo, con Operación Triunfo se ha visto que las audiencias también se cansan de eso. C.- ¿Y el cine?, ¿una película transmite valores de forma accesible? GV.- Es que el cine une el icono, la imagen, con el relato de una historia, provoca inmediatamente empatía e influye mucho sobre la psicología de una persona. Aunque también la distancia y la objetividad que permite un texto no lo permite el elemento fílmico, pero el cine es un gran transmisor de valores. Yo creo que un cine de valores es importantísimo, la gente sale concernida. |