Número 32, mayo 2002

Acaba de salir a la luz un estudio antropológico alemán en el que se nos habla de que las diferencias entre el hombre y su pariente más próximo, el chimpancé, no están determinadas por los genes - que ambas especies comparten en un 98,7 por ciento -, sino por las proteínas. Según uno de los fundadores de la llamada paleogenética, en el cerebro humano buena parte de los genes de las células se transforman en proteínas. Vamos, que la expresión genética del cerebro humano cambia de una manera mucho más fuerte que la del chimpancé. Pero, para qué nos vamos a engañar, a pesar de esas diferencias de "componentes" (un poquito más de genes, una mayor calidad de proteínas...), la diferencia entre el hombre y el chimpancé es como de aquí a Buenos Aires. A los que nos interesa abundar en estas historias cada vez vemos más... misteriosa la condición del hombre.

Amparo Revilla


Cuando los países siguen montando sus reuniones internacionales para debatir temas de importante calado, como qué hacer con el hambre en el mundo, hay algunos que empiezan a darse cuenta de que tienen que espabilarse e inician por su cuenta cancelaciones de deuda a los menos favorecidos. Es el caso de Italia, que ha cancelado hace poco la deuda de Uganda, 83 millones de dólares. La iniciativa ha sido resultado del famoso Club de París. La cosa no es suficiente, pero por lo menos es un avance en el camino de llevar adelante propuestas radicales de apoyo al tercer mundo. Con esta historia, el gobierno italiano cumple por primera vez el compromiso de cancelar la deuda externa de los países en vías de desarrollo, yendo más allá de los términos previstos hace tres años en la cumbre de los países más industrializados (G8) de Colonia, con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Y este logro de "ir más allá" de los acuerdos... ¿por qué no tenemos el valor de llevarlo a cabo desde España?

Carlos Rodríguez


Me ha parecido muy claro y valiente el Papa a la hora de hablar sobre la pedofilia de algunos curas. Ha dicho que los abusos que han dado lugar a esta crisis representan un error desde todos los puntos de vista y están justamente considerados por la sociedad como un crimen. Ha dicho que constituyen un pecado terrible a los ojos de Dios, por eso ha expresado a las víctimas y a sus familias su solidaridad y preocupación. También dijo que no hay sitio en el sacerdocio ni en la vida religiosa para quienes han causado daños a los jóvenes. Muy fuerte. Sin embargo, también me parece que se han dicho tonterías por parte de algunos medios, como que el celibato de los curas favorece los trastornos sexuales. El doctor López Ibor, eminencia en sexualidad, demostró hace algún tiempo en un estudio exhaustivo que las desviaciones sexuales provienen de ambientes en los que se reprime el ejercicio de la sexualidad (como en las prisiones), sin embargo, los curas escogen libremente una situación que les marca para toda la vida, y lo hacen con alegría (de ello tengo experiencia) y si hay desviaciones patológicas es por desarreglos personales no por su condición de curas.

Fernando Montes