Número 32, mayo 2002

Cuando todo esté en orden

DIRECCIÓN: César Martínez Herrada

INTÉRPRETES: Santiago Ramos (Ignacio), Daniel Guzmán (Pablo), Miguel Rellán (Gerardo) Cristina Plazas (Maribel), Mario Zorrilla (Esteban), Antonio Dechent (Director de coro) Julián Villagran (Santi)

César Martínez Herrada toca, en éste su segundo largometraje, el drama social con tono realista, alejándose así del género trhiller con el que se inició en la gran pantalla (Manos de seda,1998), y sin duda ha acertado con el género y con el tono.

Ignacio, un solitario viudo, decide jubilarse de forma prematura y regresar a su pueblo natal tras muchos años trabajando fuera. Allí espera volver a encontrar todo lo que había dejado años atrás; su hogar, sus amigos, su hijo... Pero el camino iniciado no se presenta nada fácil. La casa, destartalada por el paso del tiempo, no es lo único que tiene que arreglar... La vuelta de su hijo tras un año de cura de desintoxicación, le pondrá a prueba como padre y como persona.

Presente pasado y futuro. Este es el reto ante el que se enfrentan padre e hijo. Una vieja moto desmantelada por el hijo para sacar dinero para la droga, es la acertada metáfora que utiliza el director para representar esos hitos del tiempo. Las preguntas que han de hacerse no tienen fácil respuesta. ¿En qué momento se produjo la incomunicación?¿Cuánta parte de responsabilidad tuvo el padre?¿Qué motivó al hijo a refugiarse en el agujero de la droga?¿Es posible la reconciliación?...  Es posible, parece decir la película.

Hace ya tres años Benito Zambrano nos sorprendió a todos con esa gran historia que fue Solas, e instauró el que yo llamo el nuevo género cinematográfico: el drama social optimista o, por decirlo de otra manera, que no todo es tan oscuro como nos lo pintan otras películas ¡hombre! Pues bien, Cuando todo esté en orden, parece seguir ese mismo esquema. Una temática dura, compleja, con personajes reales como la vida misma, con problemas cotidianos como los de cualquier persona, a los que se enfrentan con las mismas armas con las que nos enfrentamos todos: fuerza de voluntad y ganas de vivir. Huyendo de sentimentalismo caprianos, Martínez Herrada encara los dilemas planteados con hondura. La película tiene una estructura muy sencilla pero consigue no rozar la previsibilidad, gracias precisamente, a esa hondura y a las interpretaciones frescas y creíbles de Daniel Guzmán y Santiago Ramos. Ha sido todo un placer verla...

Eva Latonda