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Calibán.- Jaime Urrutia...¿era el cantante de Gabinete Caligari?
C.- ¿Qué fue por...? J.U.- Porque llegó un momento en el que, aunque seguíamos siendo grandes amigos y nos llevábamos muy bien, nos convertimos en un grupo que tocaba, viajaba, cantaba... pero que no se podía mantener arriba. En el 98 sacamos nuestro último disco y los medios nos ignoraron por completo, entonces me di cuenta de que era como darse cabezazos contra la pared. Ellos no se lo tomaron muy bien, pero entendieron mis razones, yo tengo una familia en la que pensar y no podía quedarme estancado, teníamos que cortar esa etapa. C.- Es incomprensible lo que os pasó, ¿no os merecíais una atención y un respeto, por todos esos años de éxitos, de trabajo, de esfuerzo? J.U.- Eso pensaba yo. Por lo menos que hubieran dicho:"estos están acabados y han sacado un disco malísimo", pero no dijeron nada, ni para bien ni para mal. Esto, en otros países no pasa, como Los Eagles, que sacaron Hotel California en el 70 y desde entonces se les ha considerado un gran grupo, independientemente de que sus siguientes discos fueran mejores o peores, o Neil Young... C.- A ver, por regla de tres, ¿Los Eagles son a Hotel California, como Gabinete Caligari son a...? J.U.- Camino Soria, por supuesto, con este disco, pegamos el pelotazo en el 87. Pasamos un año y medio sin parar de tocar por todo el país, haciendo galas, conociendo gente, una experiencia maravillosa con la que disfrutamos mucho. C.- Y con un éxito arrollador, que es el objetivo de cualquier grupo. J.U.- Cuando llevas tanto tiempo, lo que quieres no es la fama, lo que en realidad te satisface como artista es hacer un disco muy bueno, que además sea reconocido como tal. Y eso fue lo que nos pasó con Camino Soria. C.- Más buenos recuerdos. J.U.- No sé, quizá el que, al principio nunca pensé que podría dedicarme a la música y vivir de ella... y mira. C.-Porque tú querías ser torero ¿no? J.U.- Vale, lo admito, siempre pensé en la posibilidad de dedicarme a los toros, ya sabes, estar ahí con tu traje bordado, en el coso de Sevilla, con 40º a la sombra y un capote... pero nunca me lo plantee seriamente. Podía haberle dicho a mi padre que me llevara al tentadero de algún amigo, pero no lo hice. C.- ¿Tu padre era aficionado? J.U.- Era crítico taurino y mi abuelo, por parte de madre, fue empresario de la Plaza de Toros de Málaga. Así que cuando llegaba la Feria de San Isidro, en mi casa había seis o siete entradas disponibles, mis hermanos y yo íbamos a la Plaza como el que va al cine. C.- Y seguro que jugabais más a los toros que al fútbol. J.U.- Sí, precisamente en el pasillo de casa dábamos unos muletazos... C.- Está claro que no era ése tu camino... J.U.- No. Ahora pienso que como ser músico tiene eso de estar todo el día viajando, después salir al público, mostrar su arte, dar lo mejor, y lo máximo que te puede pasar es que un concierto te salga peor y te tiren tomates, sin embargo, un torero tiene todo eso y encima está delante de un toro jugándose la vida. Admiro mucho a los toreros. C.- ¿A algunos más que a otros? J.U.- De los de antes me ha gustado bastante Rafael de Paula, y de los de ahora, José Tomás y uno que se llama Morante de la Puebla, me gustan los que tienen, eso que llaman "pellizco". Por ejemplo, el Juli no me hace gracia, creo que es un chaval con condiciones, pero le falta un poco de arte. C.- Hablas como un crítico taurino, ¿lo llevas en los genes? J.U.- Hombre, he hecho mis pinitos con colaboraciones para C.- Escribes las letras de tus canciones, artículos para periódicos, ¿para cuándo un libro? J.U.- Eso es algo que tengo pendiente. Llevo dos años y medio muy ocupado con el disco, peroa ver si saco tiempo y paciencia de algún sitio, porque me gustaría. Loquillo acaba de editar una novela, ¿lo sabías? C.- Pues no, pero hablando de novelas, ¿cual es la novela de tu vida? J.U.- Cuando no me dedico a la música, soy un hombre muy casero. Siempre me ha gustado estar en casa, pero ahora con mi mujer y mi hija, aún más. |