Número 32, mayo 2002

Christa Maerker
Muchnik Editores

    Más que de un libro roto, deberíamos hablar de vidas rotas. No había leído todavía el ensayo de Peter Sloterdijk (del que hablo más abajo) mientras estaba zambullida en la lectura de esta rocambolesca historia entre una sex-symbol y un escritor, donde más que amor hubo ansias por salir del anonimato aunque sólo fuera con un aplauso fugaz. Pero ahora me doy cuenta de la verdad que encierran las palabras de Sloterdijk acerca de esa necesidad de distinción que el igualitarismo democrático y burgués no consiguió aplacar. Un impulso que fue especialmente trágico en Norma Jean Mortensen, una mujer víctima de una infancia desgraciada y de la trampa que ella misma se tendió al disfrazar su fragilidad bajo la apariencia de una rubia explosiva: Marilyn Monroe. Para su carencia de padres ysu vida frívola buscó como antídoto a Arthur Miller un daddy intelectual que se ajustaba a la perfección a esas necesidades. También el escritor cree encontrar en la diva la pasión que su matrimonio empezaba a perder. Pero de esta alianza carente de sentido común sólo podría resultar lo que resultó: una lamentable tragedia donde todos pierden.

Dora Rivas