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Mónica López Barahona y Salvador Antuñano
Quizá el capítulo más interesante es el que hace alusión a la concepción filosófica del embrión humano. Todos sabemos que no es legítimo manipular al ser humano, que andamos de acuerdo con Kant: nuestros semejantes y nosotros moramos en el reino de los fines no de los medios, que nos parecen reprochables las prácticas de utilización de esclavos para realizar pirámides, palacios, carreteras... Donde parece que puede haber disputa es en la consideración del embrión como persona. Los autores, en su trabajo, se apoyan sobre los datos objetivos de la ciencia y, conscientes de que el problema rebasa el método científico, ven necesario reflexionar racionalmente con los métodos propios de la filosofía. Lo que confiere dignidad personal es el ser mismo (aquí es donde los autores se apoyan en la definición de persona por parte de la filosofía clásica). Si no fuera así, "sólo serían personas aquellos que dieran evidente muestra de ser racionales y sólo durante los precisos momentos en que actúan racionalmente. Pero no es así. Lo que confiere dignidad es el hecho mismo de ser individuo personal". Es verdad, la naturaleza racional nos habla de la inteligencia, de la libertad, de la espiritualidad que tiene el hombre pero no como facultades más o menos elevadas o actos concretos sino como una capacidad radical de toda la persona, independientemente del grado en que la desarrolle. De esta forma el argumento de los autores de La clonación humana se escapan, con tino, de esa consideración humana de plazos (a partir de tal día es un ser humano pero antes no) y se comprometen con una definición integral de la persona. Además, según la ciencia, el embrión (desde el tiempo cero) queda cargado con un número de 46 cromosomas, con patrimonio genético propio y diferenciado del de sus progenitores. Y, según la filosofía, se muestra que un ser que se manifiesta con esas características es individuo de la especia humana y, por tanto, tiene el estatuto ontológico de persona. El libro es serio y se lee con absoluta facilidad. |
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Simon Schama
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