Número 32, mayo 2002

Mónica López Barahona y Salvador Antuñano
Editorial Ariel

    Todos tenemos una idea somera de la clonación y un pánico escondido a todo lo que huela a reproducción de "iguales". Después de los achaques de la Dolly, la película de Swartzenagger, las amenazas de un ginecólogo italiano, etc., se nos ha puesto mal cuerpo. Sin embargo, los medios de comunicación no llegan a soltarnos argumentos serios sobre la intuición de inmoralidad que descubrimos en el fondo de estas prácticas. Los autores del libro que recomendamos en este número han sabido dejar al lector satisfecho por la seriedad y profundidad del trabajo.

    Quizá el capítulo más interesante es el que hace alusión a la concepción filosófica del embrión humano. Todos sabemos que no es legítimo manipular al ser humano, que andamos de acuerdo con Kant: nuestros semejantes y nosotros moramos en el reino de los fines no de los medios, que nos parecen reprochables las prácticas de utilización de esclavos para realizar pirámides, palacios, carreteras... Donde parece que puede haber disputa es en la consideración del embrión como persona. Los autores, en su trabajo, se apoyan sobre los datos objetivos de la ciencia y, conscientes de que el problema rebasa el método científico, ven necesario reflexionar racionalmente con los métodos propios de la filosofía. Lo que confiere dignidad personal es el ser mismo (aquí es donde los autores se apoyan en la definición de persona por parte de la filosofía clásica). Si no fuera así, "sólo serían personas aquellos que dieran evidente muestra de ser racionales y sólo durante los precisos momentos en que actúan racionalmente. Pero no es así. Lo que confiere dignidad es el hecho mismo de ser individuo personal". Es verdad, la naturaleza racional nos habla de la inteligencia, de la libertad, de la espiritualidad que tiene el hombre pero no como facultades más o menos elevadas o actos concretos sino como una capacidad radical de toda la persona, independientemente del grado en que la desarrolle. De esta forma el argumento de los autores de La clonación humana se escapan, con tino, de esa consideración humana de plazos (a partir de tal día es un ser humano pero antes no) y se comprometen con una definición integral de la persona.

    Además, según la ciencia, el embrión (desde el tiempo cero) queda cargado con un número de 46 cromosomas, con patrimonio genético propio y diferenciado del de sus progenitores. Y, según la filosofía, se muestra que un ser que se manifiesta con esas características es individuo de la especia humana y, por tanto, tiene el estatuto ontológico de persona. El libro es serio y se lee con absoluta facilidad.

Simon Schama
Editorial Areté

    Nos encontramos frente a una obra descomunal, vasta como un océano e igual de sobrecogedora. El profesor de Historia del Arte de la Universidad de Columbia, Simon Schama, ha parido un grandísimo monumento al que fuera el pintor de los ocres, del misterio y la sublimidad del hombre. El acierto de la obra es que su autor no se queda en una mera descripción de los cuadros que analiza, sino en una exhaustiva comparación con los pintores de su tiempo, con la situación social de la época, etc. Es un inmenso tratado. Es un libro caro pero merece la pena como pocos. Salen a relucir las debilidades de Rembrandt como las imperfecciones del amigo de quien contamos una anécdota, como que fuera esclavo de Rubens, el maestro, la autoridad, el gobierno de la luz... De hecho, estudiaba minuciosamente los grabados de sus grandes pinturas religiosas y se esforzaba por hacer sus propias versiones, a la vez copias y variantes igualmente evidentes. En el libro se nos habla de los misterios del hombre del que más autorretratos se conservan. "Rembrandt - se nos dice en la obra - disfrutaba alterando su rostro en cada dibujo: el lunes, el de un mendigo; el martes, el de un matón; el miércoles, trágico; el jueves, bufón; el viernes, un santo; el sábado, afligido". El análisis de la última etapa del maestro es antológica, época en la que se liberó de tener que describir la forma literalmente y su pintura empezó a cobrar vida propia, una vida errante que embadurnaba, se arrastraba y retorcía por el lienzo, como en Jacob luchando con el ángel. El libro es imprescindible para los que algo ya conocen de Rembrandt.