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Bien distinto, en cuanto a las razones de esta perdurabilidad a la que apuntaba, es el caso de En ausencia de Blanca. En esta novela el final es un enigma sobre Blanca que permanece sin resolver provocando en el lector la necesidad de responder a la historia narrada con una interpretación. Desde la perspectiva del personaje protagonista, punto de vista privilegiado de la narración, la cosa está más o menos clara: Mario López, funcionario de la Diputación de Jaén, considera que su gran amor, Blanca, aun manteniendo su aspecto y carácter, está ausente. En su lugar vive una impostora. Además facilita al lector una serie de datos que nos permiten dudar sobre esta supuesta falsedad. Es decir, queda en el aire la sugerencia de que su solución sea fruto de haber imaginado y preferido el engaño a la Blanca problemáticade siempre. En ausencia de Blanca es una historia de amor con una estructura circular, desde el principio sabemos cómo Mario sufre por considerar que su mujer, la que le ha dado la felicidad Hay veces que pensamos que el amor de Mario es codicioso, demasiado posesivo, en estas ocasiones él se nos presenta como un enfermo de amor que teme que la presencia de Blanca pueda desvanecerse un día y romper el privilegio del que goza: "para él no había mayor experiencia que la de ir caminando por las calles de siempre y saber que, a diferencia de todos los hombres que pasaban a su lado, los que bebían en los bares y hablaban de fútbol con cigarrillos en la boca, los que se volvían con ademanes hambrientos al paso de una mujer, él tenía el privilegio de desear por encima de todas las mujeres a aquella con la que se había casado" (p. 24). Para espiar a esta Blanca a la que el título de la novela denomina ausente, siempre contamos con la perspectiva de Mario López que señalando el objeto de su amor, la describe. Entre las líneas de esta sencilla historia de amor entre un hombre que, de manera imprevista, se enamora de una mujer se esconde una historia trágica. No se trata solamente de un juego, Mario llega a cansarse de los caprichos de Blanca. Y lo que era fuerza renovada por el amor "Era probable que no hubiese tregua nunca: tendría que pasar cada hora y cada día del resto de su vida conquistándola, seduciéndola" se convierte en cansancio: "Mario contuvo las ganas de llorar o de irse diciéndose que (...) podría emprender de nuevo la tarea tan habitual y tan querida de reconquistar a Blanca con la simple fuerza incondicional de su amor. Pero también se daba cuenta, con un instinto confuso de melancolía, de que era posible que ya no tuvieralas energías necesarias para seguir queriéndola" (p. 130). En ese momento se quiebra el amor, es como si el impulso que movió a Mario para vivir con Blanca, desvivirse por ella y vivir gracias a ella, se hubiese acabado: "Mario López sintió que el mundo se estaba acabando para él, y aquel cataclismo definitivo y silencioso" (p.131). Parecería que lo lógico para el final de esta historia fuese, o bien, la separación de los amantes o el abandono. Pero el desenlace es, si cabe, más sordo, Blanca vuelve - ¿o no es ella? - pero lo mejor de su relación se hace irrecuperable. Blanca es incomprensible para Mario. El funcionario no comprende sus deseos, ni sus aficiones culturales, ni su generosidad sin medida ("Las energías que Blanca era capaz de invertir en los méritos de otros podían ser inagotables y hasta milagrosas (...) Poseía un don muy raro, el de admirar, y sabía explicar lo que admiraba con tal convicción que volvía contagioso su entusiasmo", (p. 64); teme el misterio que se refleja en una personalidad inquieta, desordenada, deseosa de encontrar, aun a tientas, algo distinto que no halla. Mario intenta protegerse contra todos esos deseos confusos y, en muchas ocasiones disparatados de Blanca. La verdadera Blanca está ausente y Mario sin llegar a conformarse del todo decide resignarse a convivir con esta nueva Blanca, así considerada por Mario, pero que a través de todos los indicios materiales que Mario recupera parece ella. He aquí la ambigüedad de la novela. ¿Qué es lo que pasa realmente?, ¿es esta nueva Blanca una impostura?, ¿o Mario ha decidido negar lo que no dominaba de Blanca, ha optado por inventarse una nueva Blanca para no verse obligado a batallar sin tregua? ¿O ha decidido poner sobre Blanca la máscara de una mentira y dejarse querer? La literatura de todos los tiempos ha vertido a través de diferentes formas esta experiencia del amor que desea vivir de la amada y amándola descubre que la experiencia del amor abre a un deseo mayor de conocimiento. Un deseo dramático que exige el trabajo de recuperar la novedad cada instante. Fue así para Kafka que mantuvo siempre una relación problemática y dolorosa con las mujeres. En uno de los pasajes de El castillo se describe: "Ella quería algo, y él quería algo. Furiosamente y con muecas violentas, hundía el uno la cabeza en el pecho del otro. Algo querían, y ni sus abrazos, ni sus cuerpos encabritados, les hacían olvidar nada; les recordaban más bien el deber de buscar algo más (...) Y desesperados, desengañados, buscando todavía una última dicha, se lamían y lamían". La solución es la desesperación y el desengaño, en última instancia, la negación de que pueda existir un amor carnal que revele un camino hacia algo capaz de saciar el deseo humano. El protagonista de El Castillo, debilitado por no encontrar lo buscado, rompe la relación. Blanca agradece la gratuidad de Mario con ella, se reconstruye a partir de su amor, Mario vivía para ella pero ¿cómo mantener estos vínculos? El desenlace de la novela, anunciado desde la primera frase, nos permite imaginar a Blanca saltando de fascinación en fascinación y a Mario escudándose en una mentira.Son dos soledades derrotadas trágicamente después de haber conocido la unidad. También podríamos recordar la experiencia amorosa del poeta italiano G. Leopardi en el poema A su dama, en la estrofa final no niega lo lejano, lo incomprendido, lo misterioso, sino que lo canta: "de aquí, donde la vida/ es breve y desdichada, ven, recibe/ de este ignoto amante la canción". La comparación con Leopardi, que no traigo al acaso, me ayuda a clarificar mi interpretación sobre esta Blanca ausente, porque si Blanca sigue siendo Blanca, lo que ha cambiado es la percepción de Mario que, cansado de amar y fatigado de vivir por una mujer nunca totalmente aferrable, siempre enigmática, prefiere considerarla impostura. Y a esta mentira, con resignación, se abandona: "Entonces, volviéndose de costado para abrazarla mejor, tan cerca que respiraba su aliento y veía ensus pupilas su propia cara masculina y ansiosa, cerró los ojos y apretó con fuerza los párpados, temiendo que si los abría un espejismo iba a deshacerse, porque ahora estaba seguro, con los ojos cerrados, húmedos de lágrimas, de que aquella mujer que lo estrechaba no era Blanca". K. en El castillo sucumbía y negaba el amor, Leopardi canta la belleza eterna que inspira la amada. Para Mario la lucha ha terminado en brazos de una mentira, a la vez que ha dado fin a la aventura de conocimiento y de gratuidad que implica siempre el amor.
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