Número 33, octubre 2002

DIRECCIÓN: Steven Spielberg

INTÉRPRETES: Tom Cruise, Colin Farrel, Samantha Morton, Peter Stormare, Max von Sydow

Un futuro, desafortunadamente, no muy lejano. Las Brigadas de Precrimen de la policía del distrito de Columbia se encargan de detener a los delincuentes antes de que cometan el crimen leyéndoles la mente. John Anderton (Tom Cruise) es el jefe de dicho departamento hasta que es acusado por un crimen que todavía no ha cometido... o que no cometerá...

Esta breve sinopsis podría hacer pensar que Minority Report es una película absurda y ridícula; precrímenes, lecturas de la mente, delincuentes embotellados, predicciones de futuro... Pero todo esto en manos de Steven Spielberg se ha convertido en un interesante relato futurista lleno de matices y reflexiones, en un guión sólido, que avanza con paso firme, manteniendo la intensidad a lo largo de toda la cinta. Spielberg sabe como nadie entretener al gran público. Sus películas han sido, casi siempre, éxitos de taquilla. Algunos detractores pueden decir que lo que sabe hacer Spielberg es vender sus películas. Eso es muy cierto. Pero si además de vendérnoslas como nos las vende y entretenernos como nos entretiene, nos cuenta algo más de fondo, mejor que mejor.

Es el caso de Minority Report. El planteamiento es la creación de un mundo perfecto. Sin violencia, sin asesinatos, sin miedo, sin dolor... sin muerte.... Y todo esto aún a costa de la libertad de las personas. Un mundo absolutamente controlado por un supuesto orden, que domina los datos de todas los ciudadanos: nombres, trabajo, dinero, salud, gustos personales, hobbies, pensamientos, debilidades... Algo no muy lejano en Estados Unidos tras la obsesión por la vigilancia y el control, desatada después de aquel trágico 11 de septiembre.

El debate ético está servido. ¿Hasta dónde es lícito llegar en la lucha contra el crimen? ¿Dónde se encuentra la sutil frontera entre la búsqueda del bienestar común y el respeto a la libertad personal? ¿Es humanamente aceptable todo lo técnicamente posible? ¿Cuál es la auténtica calidad de vida del hombre? La película se hace todas estas preguntas en un entorno de ficticia tranquilidad social. Todos sienten miedo del futuro. Todos sospechan de su vecino. Todos miran a otro lado. La libertad del hombre está en juego, pero nadie se atreve a enfrentarse al orden preestablecido, como si de un dios maligno y cruel se tratara. Se supone que ese mismo orden es quien les preserva del mal, de manera que, insensatamente, aceptan el duro peaje.

Pero de pronto algo cambia, la criatura se vuelve contra el protagonista. ¿Se puede manipular Precrimen? ¿Es posible cambiar el futuro? Comienzan así las dudas razonables contra la licitud de la Brigada. El dolor por la muerte de su hijo había tenido los ojos de John Anderton tapados, sujetos a la oscuridad. Ahora, con los ojos de otro, la realidad es muy distinta. Descubre que la libertad no sólo está en la mera capacidad de realizar los propios deseos. Es algo mas profundo, menos material, más real...

Eva Latonda