Número 33, octubre 2002

"Al final siempre hay que quitarse el maquillaje"

Entra serena y sonriente. Su voz es dulce y profunda. Desde el principio demuestra ser segura y tímida al mismo tiempo. Con su currículum en la mano me quedo impresionada y casi me tiembla la voz cuando empiezo a hablar, "¡seré idiota!" me digo a mí misma.

La descubrió Víctor Erice en El sur. Desde entonces hasta ahora, ha trabajado con directores de la talla de Ken Loach o José Luis Borau. Ha dirigido Hola, ¿estás sola? y Flores de otro mundo. Tiene en cartel Nos miran, con Carmelo Gómez. En el 2.003 estrenará La balsa de piedra de George Sluizer y en enero comienza el rodaje de una próxima película, su Te doy mis ojos. Y a pesar de todo esto ha tenido tiempo para recibirme(...) ¡increíble!

Calibán.- ¿Cine de género o cine de autor?

Icíar Bollaín.- A mí me tira todo. Tanto para verlo como para hacerlo, me gustan los dos tipos de cine. El comercial es un cine muy divertido, no tengo ningún problema de verlo.

C.- ¿Es por eso que elegiste este personaje?

I.B.- Sí. Me apetecía hacer esta película porque he hecho más cine de autor. Este es un personaje muy normal, a pesar de todo lo que ocurre a su alrededor. Siempre me proponen personajes muy intensos y preocupados.

C.- ¿Crees en fantasmas?

I.B.- Creo que puede que nos miren, lo que no creo es que nos miren mal. Aquí hay una cultura que hace ver a los fantasmas como gente amargada o resentida, que vienen a hacernos daño. Existen otras culturas donde los fantasmas son buenos protectores. De creer en algo así, creería más en la bondad. No estoy segura, pero creo que la gente no se va del todo.

C.- ¿Cómo te gustan los finales de las películas?

I.B.- Cada película tiene su final. Lo que en realidad me gusta es que no me defrauden, que sean consecuentes con lo que me han propuesto. No quiero llegar al final de una película y que aquello que prometieron no se cumpla.

C.- ¿Cómo no defraudar al público?

I.B.- Es lo que en jerga llamamos "partir de una premisa y llegar hasta ella". Cuántas veces vas al cine y lo que empieza fenomenal acaba defraudándote. Hay que ser coherente con lo que se dice y cómo se dice. El espectador te entrega un cheque en blanco para que tú lo llenes como quieras, y no puedes timarle.

C.- Con tanto trabajo, ¿tienes tiempo de estar al día con la pantalla grande?

I.B.- Regular. Ahora me estoy poniendo al día porque he podido dejar a mi familia en la playa. Pero tengo poco tiempo, no tanto por trabajadora como por madre, que es mucho más complicado. Tener hijos resulta una tarea muy absorbente. Te desconectas de lo que pasa cada día. Sobre todo de salir. Mis amigas se ríen porque me voy fijando en cómo van vestidas las demás para ver si ya me he quedado anticuada o no.

C.- ¿Cómo es que te metiste a productora?

I.B.- Bueno, yo no me considero productora. Formo parte de una productora que no es lo mismo. La parte de producción la lleva Santiago García. Yo figuro como socia, opino como socia y participo como socia en las decisiones importantes, pero la gestión no la llevo yo.

C.- ¿Qué te consideras más, actriz o directora?

I.B.- Me gusta alternar. Cuando después de dirigir una película me llaman como actriz es un lujo, porque no te tienes que ocupar de nada más que de tu personaje, que bastante es. El trabajo de directora me resulta muy bonito, me encanta trabajar con un equipo de gente y tocar todas las partes de una película, es muy creativo.

C.- ¿Siempre has tenido claro que querías ser algo más que actriz o te vino dado?

I.B.- Me fue surgiendo poco a poco la curiosidad. A medida que trabajaba como actriz, me daba cuenta de que detrás de la cámara había un mundillo muy divertido y apasionante que el actor no vivía. De hecho, gran parte de su trabajo es aislarse del equipo para poder concentrarse. Si estás a lo que pasa en el rodaje se te va el papel. Así fue cómo me metí en lo de la productora. Al principio fui ayudante de dirección, luego de producción, empecé con los guiones, hasta que dirigí mi primer corto.

C.- ¿No crees que existe un halo de superioridad entorno al actor?

I.B.- Es el halo que la misma pantalla da a los actores. Son como de otro mundo para el espectador. Esto alimenta esa idea de que los actores son especiales, diferentes. El toque de glamour ayuda a vender la película. Pero la gente del cine somos gente muy normal. Nos hacen fotos, nos ponen guapos, nos iluminan(...)pero al final, siempre hay que quitarse el maquillaje.

Eva Latonda

A sorbos

Un película: El apartamento, de Willy Wilder.
Un libro: El memorial del convento, de Saramago.
Una serie de TV: Pipi Calzaslargas.
Un color: El azul.
Una prenda de vestir: Un vestido.
Un medio de comunicación: El correo electrónico.
Un buen recuerdo de Nos miran: Margarita Lozano.