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Cuando está en la selva echa de menos nuestros ríos y cuando entra en el Vips de Gran Vía le late la sangre indígena, ¡bum! ¡bum,!, como tambores de bienvenida. Es un torrente en crecida, una desbandada de patos tras un disparo de cañón. Cuando hablas con él se sale el mar y lo anega todo, vienen silbidos de quetzal y desaparece el silencio. Las avispas rodean el vértice de la grabadora, se acercan a Miguel pero rodean sus brazos desnudos con respeto ¡vim! ¡vim! Te paga en especias, te obliga a mascar clavo de olor, te enseña las cadenas de Marco Polo y un enorme diente de marfil que no has visto en tu vida, retorcido como el pico del tucán. Te enseña esculturas de la isla de Pascua que ha sembrado como esparragueras ahí, en su jardín, y te quedas con el pasmo. Desde luego no deja que el guardián de la casa, un perro mitad puma mitad bisonte, te desguace, pero la intención se le adivina a la bestia. Miguel de la Quadra-Salcedo no es un patriotero barato sino simplemente un testigo que busca la verdad de nuestra historia, los hechos que apenas se cuentan. Es, además, consciente del papel único de nuestro país para el desarrollo cultural del continente europeo, más pendiente ahora de no perder la rueda norteamericana que de conocer sus propias raíces. Con él anduvimos cuatro horas, cuatro horas de selva sentados en la terraza de su oficina. Calibán.- Este año, la Ruta Quetzal ha rememorado un tiempo fabuloso en el descubrimiento del Nuevo Mundo, el cuarto viaje de Colón, un periplo lleno de aventuras, huracanes...
C.- ¿Colón conocía la finalidad del viaje? MQS.- Bueno, la misión era un poco misteriosa. Los reyes sólo le dicen que tenía que embarcar hacia las islas que siglos antes Marco Polo había relatado como el enclave desde donde se traían las especias: nuez moscada, clavo de olor, canela... las famosas Molucas. Piensa que Colón creía que había llegado a Asia. En el año 1498 un inglés le regala Las maravillas del mundo de Marco Polo, y el almirante cree que lo que él descubre no es ni más ni menos que lo escrito en el libro de Polo. Un lapidario de Fernando el Católico dice del almirante que es la reencarnación de Santo Tomás, el apóstol que evangelizó la India y cuyo cuerpo se conserva en Madrás. Las Molucas fueron islas españolas hasta que Carlos V las cede a Portugal por 300.000 ducados de oro. Las especias tenían un valor más importante que el oro, ya que no había frigoríficos en aquel tiempo y era la manera idónea de conservar los alimentos y darles un gusto extraordinario. Además de las especias, en agosto de 1502, Colón hará el gran descubrimiento de su cuarto viaje. Antes de llegar a la costa de Honduras avista unas piraguas de comerciantes mayas. Estos le dicen que vienen de una tierra muy rica, será el momento en que los españoles descubrirán el cacao que los mayas usaban como moneda. Todo esto queda reflejado en la historia del almirante que escribe su hijo Hernando Colón. C.- Además del descubrimiento del cacao, ¿qué otras novedades hubo en el Alto Viaje? MQS.- Cuando llegan a tierra firme, los miembros de la tripulación no quieren ir al mundo maya, porque la orden de los Reyes era que llegaran cuanto antes a las islas de las especias. Por eso, Colón baja a la zona que él pensaba que eran las costas de Asia. Cuando se asentaron, el sacerdote de la misión celebró la eucaristía. Ya antes había llegado Colón a tierra firme pero no se celebró la misa, fue durante el tercer viaje, en la desembocadura del Orinoco. La primera misa fue a bordo de la Isabela en 1493. Pero la primera en tierra firme, no en islas, fue en 1502 al llegar a las actuales costas de Honduras. Con lo cual, este verano hemos celebrado su 500 aniversario. C.- ¿Cómo fue la celebración? MQS.- Asistieron 4 cardenales, 40 obispos europeos, los presidentes del gobierno de Honduras y El Salvador, que tienen pasado indígena maya, y representando a España ha ido como embajador extraordinario Cristóbal Colón, que hace la generación número 20 desde el almirante. Antes de la misa tuvo lugar una vigilia de oración toda la noche en una zona de difícil acceso, debido a las pobres comunicaciones. Durante la celebración de la eucaristía, el representante papal dijo que hay más de 250.000 evangelizadores que dieron su vida por los hombres y mujeres de América. La misa contó con mucha participación indígena, e incluso con algunos que en tiempos de Colón aún no estaban, como los garífonos, los negros que Inglaterra llevó como esclavos y que han dado origen a toda esa raza que habla todavía inglés y que andan repartidos por Honduras, Panamá y Costa Rica. Hay que recordar que los jesuitas hicieron mucha labor por la causa de los negros, como es el caso de San Pedro Claver. Por cierto que por primera vez, y desde este verano, hay un indígena en los altares, el indio Juan Diego. C.- ¿Cuál fue el papel de la Corona española en estos viajes? MQS.- La Corona C.- Entonces, ¿qué pasa con la famosa leyenda negra del descubrimiento? MQS.- Donde no hay página importante de la historia no hay leyenda negra. Teníamos enemigos en toda Europa a quienes les molestó mucho el Tratado de Tordesillas, porque el mundo quedaba dividido en dos mitades repartidas para la Lusitania, y para la Hispania. Y el tema del pillaje, tantas veces atribuido a los españoles, es absurdo. La expedición no robaba sino que intercambiaba productos. Si algo cogían para muestra era siempre producto de un intercambio. C.- ¿Cómo se nota la obra de los misioneros en América? MQS.- En España, desgraciadamente, no se conoce lo que es una misión. Hemos tenido épocas en las que muchas sectas se adentraban y captaban más al indígena que los misioneros católicos. Ahora, la Iglesia católica tiene una auténtica vanguardia de misioneros seglares que conviven con las familias indígenas. Los misioneros seglares, tan desconocidos, viven con una austeridad extraordinaria, conviven con los indígenas, se dedican muchos de ellos a la enseñanza. Hay muchas tribus indígenas que no toleran la presencia de un misionero solo, por eso la labor es mucho más eficaz cuando se acerca una familia. De hecho, los sacerdotes han tenido que ir acompañados por ellas. Los franciscanos capuchinos en el Amazonas han hecho una labor extraordinaria pero siempre unidos a familias. C.- ¿Cómo ha sido el contacto con estos 400 jóvenes durante el verano? MQS.- A mí me parece que tenemos una juventud mucho mejor que la que yo viví. Más profunda, más madura, pero es una juventud que no sale reflejada en los medios de comunicación, donde sólo aparece aquel que ha cometido un crimen. La juventud que veo todos los veranos, y ya son cerca de 4.000, investigan en el archivo de Indias, de Simancas, en infinidad de bibliotecas, con gran interés por conocer la historia, por conocerse a ellos mismos y por ponerse en contacto con jóvenes de otras culturas. Lo malo es que los medios de comunicación no miran hacia la juventud. Durante su viaje a Méjico, el Papa ha recordado este verano la necesidad de la familia. Los jóvenes españoles que van a América comprueban la escala de valores de los países Iberoamericanos, en los que la familia es esencial. Los nietos dicen: "abuelito, abuelito, dame tu bendición" o lo mismo los hijos a los padres. Hay algo allí que se mantiene vivo de la España del descubrimiento. Los chicos vuelven a ver clanes familiares que no se han roto. Luego vuelves a España y observas que, en lo que va de año, 80 personas mayores han muerto abandonadas en pisos. Durante el verano se deja al perro en la perrera y al abuelo en una casa de la tercera edad. Aquí se ha abandonado esa comunicación entre jóvenes y viejos.
C.- Puede que en cuestión de avances tecnológicos la cosa sea muy distinta, pero, ¿hay diferencias sustanciales entre el siglo de Colón y el nuestro? MQS.- Hoy tenemos unos instrumento maravillosos para viajar en el túnel del tiempo y adentrarnos en aquellos tiempos gracias a los libros. Los libros son una aventura maravillosa. Hay que tocar ese papel escrito por Orellana en el Amazonas con tinta utilizada con las hojas de los árboles para continuar con la administración española. Es apasionante. Pero antes de lanzarse a esta aventura hay que tener en cuenta quiénes somos y de dónde venimos, conocer el patrimonio común, la historia. Por ejemplo, el dinero que venía de América no se lo quedaba Carlos V, que fue un emperador nómada, que no tuvo nunca ni casa propia ni despacho, de hecho despachaba en las haciendas de paso y siempre estaba en casas prestadas, la casa del conde de Ben≤avente, los Fuensalida... Y el dinero no iba a las arcas del emperador sino íntegramente para sufragar las batallas entre los católicos y los protestantes. La historia es así, no podemos reinterpretarla o desalojarla de su propio tiempo. Por eso hay que ajustarse muy bien a la historia para entender bien cada período. Hoy en la religión católica el paso hacia el ecumenismo es extraordinario, el ejemplo lo tenemos en las iniciativas de Juan Pablo II con la Iglesia ortodoxa, con la que se están dando pasos de gigante. Por eso es una lástima que resurjan desde el mundo civil fundamentalismos del que tuvimos triste modelo el año pasado con aquello de la justicia infinita. C.- Por cierto, después del 11 de septiembre las cosas han cambiado mucho. La Ruta Quetzal, puede ser como esa contribución a hacer del mundo un lugar de comunicación y encuentro entre diferentes culturas? MQS.- Fíjate, llevamos 18 años, hemos hecho una comunidad de jóvenes que respetan a otros países, que tiene una bandera que se llama tolerancia y con la hispanidad como instrumento de concordia. Europa necesita de España para pasar a América pero, como nos hemos dejado influir por el espíritu materialista europeo, andamos tan desconcertados que estamos a punto de perder nuestro rumbo. Los métodos de educación en España deberían ser más respetuosos con la historia. España tiene que saber quién es Bolívar, quién es Miranda, conocer las civilizaciones precolombinas y no digamos la historia del Pacífico, que fue un día un lago español; las islas Marianas, las Carolinas, las Marquesas están jalonadas de nombres españoles. La historia de América es nuestra historia. A veces tenemos mucho miedo a lo nuestro y no caemos en la cuenta de que los grandes navegantes extranjeros iban con nuestros mapas. Pero nosotros no estamos orgullosos de nuestra historia, los alemanes, franceses, ingleses sí. Aquí siempre fue mejor Moliere que Calderón. Yo creo que ocasión de volver a nuestras raíces la tendremos en el 2005, cuando celebremos el aniversario de la publicación de Don Quijote en 1605. Por eso, el año que viene en Quetzal haremos un seminario sobre la obra de Cervantes. C.- ¿El fenómeno Quetzal provoca en los jóvenes un conjunto de sensaciones meramente sentimentales o hay algo más profundo que permanece? MQS.- Todos los años hacemos una encuesta justamente para averiguar el peso de la Ruta y muchos de ellos se dan cuenta de eso que decía mi abuela: "tenemos empacho de bienestar". |