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Fueron los mismos gauchos los que dieron al poema el éxito editorial (en diez años tuvo once ediciones, con un total de 58.000 ejemplares, además de haber sido publicado en varios periódicos de Argentina). Es una obra en la que el hombre del pueblo se reconoce, sufre, se identifica, éste es el sentido más claro de su cuestionada popularidad. Miguel Hernández era un hacendado culto, periodista, que literaturizó la figura y el habla de los gauchos, los desheredados, los perseguidos, los maulas, condenados a vivir huyendo de la autoridad. Crea un personaje en el que conviven el mentado malevaje de aquellos hombres casi nómadas y su profundo conocimiento del campo y de la naturaleza humana, la picardía y vagancia que los hizo famosos con el coraje y la nobleza de quien tiene una tierra y una gente que defender. Miguel Hernández, como decía Borges, nos deja una obra en la que campea la sabiduría de un hombre que ha sufrido el abandono, el exilio, la persecución, y no se ha rendido a ellos. El destinatario es ese ser humano que no se resigna. |