Número 34, noviembre 2002

Se ha estrenado la última película de Woody Allen y me ha parecido flojita. Eso de que cada año el maestro de los maestros nos sorprenda con uno de sus trabajos puede serle contraproducente, ya que le pueden salir películas como churros. Si La maldición del escorpión de Jade es una obra maestra del humor, y en ella sale la mejor faceta de comedia de su autor desde Toma el dinero y corre, Hollywood ending es un remake barato de la anterior. Tiene escenas casi calcadas, como la del encuentro entre el director ciego y la actriz en su camerino, que es igualita a la del Allen abducido con Charlize Theron en una de las secuencias más desternillantes de la historia del cine. El humor es simpaticón pero el guión no llega a la efervescencia de La Maldición, que es casi un tour de force con el Shakespeare de Mucho ruido y pocas nueces. En Hollywood Ending el guión flojea y nos arroja a un final precipitado, con pocas luces. Es una pena, porque adoro las películas de nuestro flamante Príncipe de Asturias.

Arturo Chinarro


No entiendo por qué mucha gente piensa que citar la herencia religiosa en la Constitución europea es un acto con visos de teocracia o un insulto a las demás religiones. No tiene sentido. Lo que se hereda se hereda. Yo he heredado el color azul de los ojos de mi padre y por eso no ofendo al que tiene los ojos castaños. Europa se fue construyendo a golpe de monasterios, catedrales, imágenes de la Virgen, casas de ayuda a los peregrinos, etc. Por eso, resulta ideológico el pensar que Europa ha sido ajena al cristianismo, porque en él se resume ese pasado de fe, libertad y caridad que heredamos de nuestros antepasados.

Leticia Galdón Onate


Me quedé de piedra el otro día cuando leí en El País un artículo de Margarita Rivière sobre el problema de la natalidad de los españoles. Decía que un país sin hijos es, probablemente, un país sin futuro. Al menos, es un país en el que cuesta mucho creer en el futuro. Y es verdad, porque en los últimos seis años, nos hemos convertido en el cuarto país del mundo con menos hijos: sólo Macao, Bulgaria y Letonia tienen menos hijos por mujer. Según las Naciones Unidas, desde 1995 las españolas tienen 1,1 hijos. La media mundial está en 2,6 hijos por mujer; la europea, en 1,5. Probablemente esta falta de hijos habla de una realidad innombrable: la escasa esperanza de esta sociedad en el futuro. Y es que vivimos en el ámbito de una sociedad sin riesgos: el precio de la vivienda (y más aquí en Madrid), la necesidad de los dos trabajos, el yuyu que se nos avecina con las guarderías, la premura de un tiempo en el que cada vez nos movemos más por lo que vale económicamente(...) todo ello nos invita a frenarnos y a considerar que los niños son el postre de todo, el "ya nos lo pensaremos más tarde".

Fernando García Sancho