Número 34, noviembre 2002

"Si quereis los mayores elogios, moríos"
Enrique Jardiel Poncela

El paso del tiempo, el envejecimiento, la muerte. Conceptos ocultos en nuestro día a día, tras la prisa, tras lo cotidiano. El paso del tiempo, el envejecimiento y la muerte están en nuestros pensamientos. Los seres humanos estamos constantemente determinados por el tiempo, por su gran velocidad y por la sensación de "cómo se pasa la vida". Tenemos miedo callado a que Saturno nos devore. Sin embargo, pocas veces reflexionamos en voz alta sobre ello: saber que detrás se encuentra siempre la muerte. El sentido perecedero de la existencia, que la marca absolutamente, nos acompaña. El hombre parece querer esquivarlo y cada vez más vemos que nuestra cultura vive obsesionada por "tratamientos antiarrugas", anuncios de "manténgase eternamente joven", "el tiempo no pasa por ti" o "no sabrán su edad". Sin embargo, cuando se van superando diversas etapas de la vida, uno tiene la sensación de que, aunque aquello fue bonito mientras duró, no volverá para atrás. O si no, hagan la prueba. Piensen en su infancia más tierna, a pesar de que puede que nos acudan los más dulces recuerdos, ¿quién volvería otra vez a ello? Este es en sí el paso continuo de la vida. El tiempo es relativo, pasa veloz cuando nos sentimos bien, y puede hacerse eterno cuando sufrimos.uí la añoranza de la eterna juventud, de evadir la muerte... el deseo perpetuo del ser humano.

De aquí la añoranza de la eterna juventud, de evadir la muerte... el deseo perpetuo del ser humano.

Enrique Jardiel Poncela no sólo es uno de los escritores e intelectuales más afamados de la historia de nuestra literatura, es probablemente, una de las mentes privilegiadas que tuvo el mundo durante el siglo XX. Hoy en día se siguen representando sus obras y suelen ser un éxito absoluto, porque Jardiel trata, camuflado tras el humor más absurdo, los temas más importantes y universales del ser humano. En su obra Cuatro corazones con freno y marcha atrás cuenta del modo más divertido el tema del ansia del ser humano por la eterna juventud.

Dijo el propio Jardiel:

"Me río de todo, porque todo es risible. Me río de mí mismo, porque formo parte de ese todo. Mi posición es pues la de ayer, la de mañana, la de siempre: RISA FRENTE A LA VERDAD. ¿Que el fondo del corazón humano es negro? ¡Risa! ¿Que no hay nada en el mundo, ni lo más puro que no se doblegue al dinero? ¡Risa, risa! ¿Que todo está edificado sobre mentiras asquerosas, y mantenido por injusticias eternas?...¡Risa, risa!".

Es cierto que el autor estuvo siempre preocupado por el éxito popular de su obra, y que en muchos momentos en su literatura se aprecian numerosas concesiones que regala al público, quizás por no atreverse a llevar a un extremo su humor del absurdo, que era un modo genial de crear su propia filosofía.

Esta filosofía de Jardiel se ve perfectamente reflejada en esta obra de teatro. Cómo cinco personajes consiguen el remedio para vivir jóvenes eternamente. En el momento en el que el "remedio" llega a sus vidas todos tienen ciertos problemas: una pareja no se puede casar hasta que no se declare difunto al desaparecido marido de ella, y la otra pareja tampoco puede estar junta hasta que no cobren una herencia. La eterna juventud tan valorada y apreciada, tampoco soluciona su sentimiento porque como dice Emiliano, uno de los personajes que es el único que parece estar más satisfecho con su inmortalidad " no les interesa nada de este mundo y saben que nos pase lo que nos pase no nos pasa nada". Esta desilusión es tan patente que las relaciones entre ellos se deterioran y la explicación que los otros cuatro le dan al hecho de que Emiliano esté contento es que "es un poco bruto el pobre".El anhelado deseo del hombre parece no ser tan satisfactorio.

Llega a tal extremo su desesperación, que se sienten aliviados cuando el doctor descubre el antídoto a su absurda juventud: otra fórmula magistral que logrará hacerlos de nuevo mortales. Lo cierto es que será de un modo peculiar, rejuveneciéndolos progresivamente hasta que todo finalice en la infancia. "Morirse cuando se ha sabido aprovechar la vida - dice el doctor - es vivir. De igual modo que cuando no se ha sabido aprovechar la vida, vivir es morirse". Ellos, aunque inmortales de cuerpo, habían sufrido una muerte agónica y lenta del alma. Sin ilusiones, sin sueños, sin problemas irresolubles... aquello resultaba una tortura.

Enrique Jardiel Poncela, al cual se le podría considerar un filósofo, no da moralejas al final de sus obras. A lo largo de su humor del absurdo, va mostrando las ideas preclaras de su mente y que cada uno interprete. Cuatro corazones con freno y marcha atrás, no es únicamente una obra de teatro que sólo pueda verse representada sobre el escenario, es ante todo un ensayo, ameno y divertido, sobre esta situación nuestra de estar vivos.

Paloma Merino



Rómpete una pierna

La pasión puede que resulte el motor o la esencia última de la vida y pocas cosas producen mayor pasión que el teatro a todos aquellos que lo aman. El tenor Gallarre, sufrió un ataque cardiaco mientras cantaba en el Teatro Real de Madrid. A las pocas horas murió. Algo parecido le sucedió al mismísimo Moliere, que aguantó hasta el final de la representación de El enfermo imaginario. Murió en su casa poco después.