Número 34, noviembre 2002

Cuánto vale la vida de un hombre en tiempo de guerra, donde cientos de ellos se desparraman por Omaha Beach, donde a cientos de ellos les vuelan la tapa de los sesos sin que hayan logrado siquiera pisar el agua? Para la madre de los hermanos Ryan, la vida de cada uno de sus hijos lo vale todo. A Ryan tienen que sacarle del infierno cueste lo que cueste, su vida tiene el precio de la muerte de sus tres hermanos, ese es el valor que se fija.

Y vienen las preguntas. Pero nadie pregunta a la madre de los cinco chicos que tienen que cruzarse media Europa para salvar al soldado Ryan. Y nadie le pregunta a Ryan si el trueque le parece bien. Es posible que Ryan represente a Europa y Tom Hanks a los Estados Unidos, y en ese caso está bien no preguntar, y hacer la vista gorda, y no pensar en el valor de la muerte, y tirarse a la piscina sin mirar.

Pero también los Estados Unidos hacen que cinco chicos crucen Vietnam, con el capitán Benjamin Willard -Martin Sheen a la cabeza- para acabar con la vida de del coronel Kurtz -un Marlon Brando inmenso-, porque su vida ya no interesa. Y tampoco nadie pregunta si la vida de esos chicos merece la pena.

Ellos son uno más en una situación limite donde la muerte es quizá tan injusta como la vida. Tal vez esa sea la razón por la que Ryan no acepta el cambio cuando al final le encuentran. Prefiere seguir luchando como hicieron sus hermanos, porque es difícil aceptar la vida cuando es a costa de la muerte de los demás.

Algo parecido le ocurre a Brando cuando acepta su propia muerte dejando vivir a su verdugo y decide no escapar a un final inevitable.

¿La vida o la muerte son una simple cuestión de suerte?, o por el contrario alguien tiene derecho a decidir sobre ello, aunque sea en un estado de guerra.

Salvar al soldado Ryan y Apocalypse Now son probablemente, junto a Senderos de gloria, las mejores películas sobre guerra. No se limitan a hablar del horror, de la locura, de la sinrazón, sino que ponen sobre una balanza la vida y la muerte, juegan sobre el tapete la legitimidad del hombre para decidir sobre ambas. ¿Quién es Ryan para que su vida cueste tantas muertes? ¿Quién es Kurtz para que su muerte cueste tantas vidas?

José Cabanach