La muerte en el cine no existe, salvo en esas películas de dudosa realidad (y deplorable gusto) que se conocen por snuff-movies. A cambio de no haber muertes, el cine nos proporciona mil maneras distintas de entenderla, de afrontarla, de esquivarla o de cortarle un traje. De la tragedia a la comedia. De la filosofía a la guarrería. De Bergman, Tarkovski, Kieslowski y Dreyer, a Silvester Stallone, el cine de terror o el subgénero carnaza. La muerte, como el amor o una infantil idea de la verdad o la historia, son los auténticos móviles del cine.
La muerte en Bergman viene con guadaña y a lomos de corcel, y no como el Séptimo de Caballería sino como el Séptimo Sello. En Dreyer, la muerte viene y se va de vacío (ver Ordet). En Kieslowski, la muerte es al mismo tiempo un problema moral y su solución. En Tarkovski, es un tránsito, el último tramo del viaje de la vida hacia algún sitio(...) En Hitchcock, la muerte es un juego de ingenios e intrigas, un modo de hacerle señales al espectador para que no respire tranquilo, la bola roja que se esconde entre los tres cubiletes. Así, a bote pronto, la muerte cinematográfica más larga y remolona y falsa es la de Peter Sellers al comienzo de El guateque, muerte de doble m
entira, pues es una escena de película en la que se rueda una escena de otra película: Peter Sellers está apostado arriba, frente al enemigo, y tiene una trompeta que suena, le disparan y deja de sonar, y, de inmediato, vuelve a la carga, y le disparan, y se calla, y vuelve a sonar(...), y así en muchas más ocasiones de las que admite la paciencia del director (del rodaje de dentro de la película). Lo normal es que el cine utilice a la muerte para producir lágrimas o risas, y del mismo modo que la de Peter Sellers produce ambas cosas (lloras de risa), las hay también que producen ambas cosas pero con el efecto contrario (ríes de llanto), como la muerte del chistoso Roberto Benigni al final de La vida es bella(...) Y finalmente, hay algo más que su propia inexistencia en la muerte del cine que, para bien o para mal, no imita la vida: en el cine, la muerte suele venir anunciada. A veces, desde el comienzo (hay personajes que salen ya con la fecha de caducidad en la cara), y otras veces se presiente con unas secuencias o incluso unos planos de antelación (la célebre escena de trinchera: cuando un soldado le enseña a otro la foto de su mujer y su hijito(...), ya sabes que la próxima bala del enemigo se la queda). Total, que en el cine no se muere nadie(...), si acaso, en los rodajes; pero esa es otra historia.