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Yo estuve con él en Madrid, yo y los guardaespaldas y los de la Warner y los de seguridad y las fans y el chofer y doscientos periodistas más, ¡claro!, a ver si os creéis que concede entrevistas así como así, eso con Teresa Campos y vale. Pues la cuestión es que allí estaba yo expectante, sentada cerca de Joaquín Luqui e Isabel Gemio (a la que se le caía la baba, como a tantas otras), y sin intentar siquiera pelearme por la posesión del micrófono... cuando salió la estrella a la que habíamos ido... unos a entrevistar, otros a adorar. Estaba con ganas de ser simpático y, sobre todo, correcto, siempre con la sonrisa en los labios y muriéndose de calor con aquellos focos, (sudaba como un pollo, daba un poco de pena). Comenzaron las preguntas, y empecé a fijarme en las periodistas que las hacían, llevaban sus mejores galas, parecían recién salidas de la peluquería... (creo que habían visto muchas pelis de Julia Roberts)... porque sé que estaban convencidas de que cuando levantasen el brazo, una luz divina las iluminaría creando un halo en torno a su figura, se levantarían de su silla como a cámara lenta, mientras él, desde la tarima, buscaría su resplandor con la mirada... y sus ojos se encontrarían... y antes de que se oyese una sola palabra suya, él sabría que era la mujer de su vida, se casarían y vivirían en Acapulco tomando el sol... ¡YA! Lo que estaba ocurriendo realmente era bien distinto. Luis Miguel buscaba a la emisaria de la siguiente pregunta con desgana y una cierta prisa, mientras la voz que ella esperaba sonase serena, decía entrecortada: - Bien...bien...bienvenido a España -. Pausa eterna esperando las gracias que no llegan. - Soy Belén Pérez -, su nombre no le dice nada - de El Diario de los Lunes, quería preguntarte, cuándo vamos a poder verte en Gijón. Mi respuesta hubiera sido: No lo sé, yo no organizo las giras, pero quizá es una ciudad un poco pequeña para albergar uno de mis conciertos, creo que antes debería hacer directos en ciudades más amplias. Su respuesta fue: "¡Ah! Gijón, sensacional Gijón, mi deseo sería estar allí muy pronto, quizás el año que viene". Está claro, respuesta evasiva y políticamente correcta. Lo peor es que la chica se sentó y allí no hubo ni luz divina, ni cámara lenta, ni planes de boda, ¡Lo siento, Belén!
Ahí fue cuando me entraron ganas de decirle: "Pues vaya hermano guapo que me ha salido, ¡madre mía!". Si me hubieran dejado pillar el micro, la entrevista habría sido... diferente. PREGUNTAS SIN RESPUESTA
Seguiría así un buen rato, pero me da, que a la primera pregunta ya me estaban quitando el micrófono. Otra cosa, desde aquí quiero reivindicar para Luis Miguel y demás compañeros de estrellato, una admiración comedida, un "anteponer" que son seres humanos de carne y hueso, NO DIOSES, NO PERSONAJES SUPREMOS. Ellos son como tú y yo, ni más ni menos. Y la impresión que me causó Luis Miguel (poniéndome en plan analítico) es la de un hombre de carácter solitario y estado de ánimo variable que en el fondo se asusta de la vida que le ha tocado vivir y lo soluciona actuando para todos como lo que se supone que debe ser... pero no siéndolo en absoluto. Es de esos chicos ( si fuera amigo tuyo) a los que te dan ganas de pegarle un abrazo... pero sabes que si te acercas... se pondrá rígido, fruncirá el ceño y dará un paso atrás desconfiando de tus intenciones. Suerte de la buena para Luis Miguel... no en la música, que ya la tiene... sino en la vida, que es donde hace más falta. Texto y fotos: Maru García Ochoa |