Número 34, noviembre 2002


Irrumpió con enorme fuerza en la sorprendente Solas, desde entonces no ha parado de trabajar. Serena, optimista y sencilla, Ana Fernández acaba de estrenar Historia de un beso, de José Luis Garci. Ahora, nos cuenta lo último sobre su experiencia como actriz y como persona.

Calibán.- Esta película habla sobre el amor, háblanos tú de él.

Ana Fernández.- Pues quiero creer que para mí es como para la gran mayoría de los seres humanos, un motor vital. Es algo totalmente necesario en la vida de cada persona, si no, se corre el riesgo de morir de tristeza. Aunque pienso que existe otro mecanismo que mueve el mundo, ¡tantas veces olvidado!, el sentido del humor. Cuanto más sentido del humor posee uno, más inteligente demuestra ser. Pero déjame que te diga que en esta película se habla del amor, es verdad, pero además se habla del tiempo.

C.- Explícate un poco más.

AF.- Verás, esta película puede ser "historia de un beso", "historia de tres besos" o "historia del tiempo", porque es el tiempo el que influye a lo largo de toda ella. Son amores que, aún no siendo imposibles, quedan truncados por el tiempo. La relación que se vive en el presente, la de Carlos Hipólito y Beatriz Rico -Julio y Marisa-, es la única que deja la puerta abierta a la esperanza, puesto que la separación la provoca el inminente regreso a Francia de Julio. No hay ninguna otra objeción para que su amor pueda seguir adelante. Luego están los dos amores del pasado. En el caso de Julipín y su prima, ambos tienen la misma edad cuando se enamoran, pero pasa todo un año y el transcurso de ese tiempo ha sido suficiente para cambiar su relación, por aquello de que la niñas maduran antes que los niños. Su prima, con la misma edad, ya tiene otro universo distinto al suyo, ya no comparten las mismas cosas. De hecho está saliendo con un chico de 15 años y ya prácticamente con bigote. Se ha quedado pequeño, y aunque él intuía que algo así podía suceder, llega la decepción. En el caso de Blas Otamendi y Andrea -Alfredo Landa y yo- juega el tiempo nuevamente. Pero si en una es el tiempo en crecimiento el que trunca, en el otro es el tiempo envejecedor el corre en contra. A él le da miedo involucrarse en esa relación, en esa aventura amorosa con una mujer mucho más joven que él.

C.- ¿Se trata tal vez de un amor platónico?

AF.- Hay mucho de amor platónico en Andrea. Se ha enamorado del escritor, de todo lo que ha leído en sus libros. Se sabe la obra de Blas Otamendi casi de memoria, está citándole continuamente. Y, precisamente por conocer su alma, se interesa por el hombre. Pero también hay algo de carnal en su relación. De hecho, la que toma la iniciativa del beso es ella. No sólo quiere conocer su alma, también su cuerpo. No tiene miedo a su vejez. Es una mujer que vive el día a día, y ella misma lo dice. El amor de pareja tiene un importante componente sexual. Es la química de la que tanto se habla. Cuando una persona te gusta, también te gusta su olor, su sabor, todo eso produce reacciones... cuando el amor se acaba, el olor se acaba...

C.- Entonces, ¿no eres de las que cree en el amor eterno?

AF.- Para mí todas las personas que han pasado por la vida de alguien duran eternamente, quedan para siempre en el recuerdo. Creo además que, una vez pasada la herida de la ruptura, la memoria hace una selección de lo bueno, así puedes recordar al hombre o a la mujer amada con todo lo auténtico que te dio. Procuro no rechazar nada de lo que me ha pasado en la vida. Mis historias amorosas, mis historias familiares, mi historia en general, todo lo que yo he vivido es todo lo que yo soy ahora, forma parte de mí y no puedo rechazarlo. Tengo muchas cosas que agradecerle a la vida.

C.- Cuéntanos, ¿cómo empezó tu relación amorosa con la escena?

AF.- Todo empezó en la compañía de teatro andaluza Jácara. Aunque yo ya había empezado a hacer mis pinitos interpretativos en la radio, ¿sabes? Era una radio pequeñita: "Buenos días desde la mancomunidad de servicios informativos y radiofónicos de Alfaraz".

C.- ¡Caray, todavía te lo sabes de memoria!

AF.- Sí, fueron buenos tiempos. La radio pertenecía a unos doce pueblos de la zona. Allí hacía de todo. Entraba a las ocho de la mañana y salía a las cuatro de la tarde. Hacía informativos, magazines, cuñas publicitarias... y leía libros. Recuerdo que leí Cinco horas con Mario dramatizándolo. Tal vez fue entonces cuando me picó el gusanillo. Luego estuve un año y medio en la Ser.

C.- ¿Siempre tuviste claro lo de ser actriz?, ¿nunca te tentó la radio?

AF.- Siempre lo tuve claro. De hecho dejé la facultad por estudiar Arte Dramático. Estudiaba Geografía e Historia y me especialicé en arte. Pero a mitad de la carrera lo dejé. Luego con los años lo retomé. No quería tener esa cosa ahí pendiente, me parecía importante acabar lo que ya había empezado. Lo retomé exactamente cuando era presentadora del tiempo en Canal Sur.

C.- ¿Y ese fue tu primer contacto con el mundo de la televisión?

AF.- La primera cosa que hice en televisión creo recordar que fue cuando tenía 22 años. Era un concurso en directo de TVE que duró muy poco porque debía durar lo que tardara en salir el premio, el cual salió muy pronto. Pero mi primer trabajo con retribución económica fue una obra de teatro que hice con 17 años. Era un grupo que formamos unos amigos y yo. Uno de ellos era precisamente el camionero de Solas, Juan Fernández, que ahora está en La caja 507, y sigue trabajando.

C.- ¿El mundo del doblaje no es muy cerrado?

AF.- Reconozco que a mí el mundo del doblaje en Madrid se me abrió muy pronto, aunque no sin mucho trabajo. Empecé a presentar mi currículum a las empresas y a hacer pruebas de doblaje. Hice muchísimas, me pateé todo Madrid. Finalmente empecé a conseguir a hacer ambientes y pequeños papeles (policía, chica... ) Con el tiempo, me fueron dando personajes secundarios, y en un año me hice con personajes en series. De hecho la prueba de Solas la preparé en un estudio de doblaje con Juan Fernández.

C.- La prueba. ¿Háblanos más de la prueba?

AF.- Yo sabía que Benito Zambrano iba a hacer una película y que estaba buscando gente. A Benito le conocía porque habíamos coincidido en Canal Sur. Él era cámara cuando yo daba el tiempo. Nos conocíamos de saludarnos por los pasillos y esas cosas. Pero Lala Obrero y Antonio Pérez, la directora de arte y el productor de la película, me animaron a ir. De modo que allí me planté. Fui para que me probara para alguno de los secundarios. Benito enseguida me dijo que no había nada para mí, que estaba buscando mujeres de la limpieza y que yo no daba el tipo. Pero después de la conversación y como había ido de Madrid a Sevilla ex profeso para hablar con él, lo que síi me dio fue una prueba en cámara.