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Se trata de mostrar que la construcción de una idea de Dios constituye una actividad inevitable y suprema del espíritu humano. Hablamos aquí de una idea mínima de Dios que puede articularse con diversos medios conceptuales filosóficos. Las explicaciones aducidas por la crítica atea de la religión no bastan para desterrar del espíritu humano la idea de Dios como si se tratara de una ilusión superflua e incluso nociva. Es más bien propio de la naturaleza del hombre en cuanto tal hacerse una idea de "algo así como Dios", también del llamado hombre "adulto" de la modernidad. Hasta tal punto que, si la idea de Dios desapareciera, habríamos perdido también al ser humano. La idea de Dios es pues, una idea necesaria y coherente con la humanidad del hombre. Pero, en efecto, una idea y sólo una idea, que será "abstracta" en tanto el ser humano no entre en contacto con la "realidad" de Dios en el mundo de las religiones. Juan. A. Martínez Camino |