Número 35, diciembre 2002

Las sombras chinescas que hemos experimentado todos con nuestras manos; las marionetas con las que hemos contado historias en nuestra infancia son algo más, si cabe, que juegos para niños.

La historia de los títeres y marionetas es tan antigua como la del ser humano. Desde que el hombre de las cavernas realizaba rituales entorno al fuego, jugó con su sombra proyectada. La sombra supone una realidad diferente, a través de la cual se puede expresar todo aquello que supera el espacio, el aquí y ahora. Desde la antigua Grecia, Egipto y Oriente, se sabe que el hombre creó marionetas. A través de ellas transmitía el deseo de los dioses y eran los sacerdotes los que las manejaban. Por tanto, su origen religioso es el mismo que el del teatro. De aquí la añoranza de la eterna juventud, de evadir la muerte... el deseo perpetuo del ser humano.

Los titiriteros, como los artistas circenses o los actores, han sido los nómadas del arte. Llevaban su espectáculo por pueblos, por ciudades para acercar a los vecinos las historias que sus marionetas les querían contar.

El titiritero fue mal visto durante siglos (como el actor). No se sabe bien que es lo que puede llevar a una persona a mantenerse de por vida en una situación marginal, probablemente su amor por el arte. Cuenta la leyenda que un barbero, (los pioneros de la medicina), ideó un teatrillo de títeres para atraer al público y así le compraran sus medicinas. Al poco tiempo, se dio que cuenta que era más rentable la marioneta que su "ciencia" y se dedicó al teatro de guiñol. Sin embargo, en España en el siglo XIII, un juglar le pidió al rey Alfonso X el Sabio que delimitara la diferencia entre los distintos oficios teatrales. Y el rey accedió. Se quedó en que el juglar era aquel que tocaba y cantaba en la corte, los histriones los que tocaban instrumentos musicales, inventores eran los trovadores, joculatores los acróbatas, truhanes los que hacían reír y cazurros los que amaestraban animales y representaban el teatro de títeres, lo más bajo de toda la escala. Eso es, que se notara la diferencia, y que quedara claro que no todos eran lo mismo. Pues si esta terrible contraposición la encontraron entre sus propios compañeros artistas, resulta sencillo imaginar lo que serían para nobles y "honrados" trabajadores.

En los momentos en los que los teatros se prohibieron fueron los títeres las únicas representaciones posibles. El títere fue la representación simbólica del actor.

Titiriteros, teatreros, cuentistas, son términos que aún hoy se emplean con tono despectivo en nuestra lengua.

En la actualidad, este concepto ha cambiado. El arte del titiritero es complejo porque en la mayoría de las ocasiones son ellos los que realizan sus marionetas y los decorados. De este modo combinan el arte plástico, la creación de guiones y la interpretación. Existen muchos tipos de títeres y de formas de representación: la marioneta, el títere de guante, el títere de varilla, el títere de sombra, títere de dedo, etc. Todo un mundo lleno de secretos que constituyen uno de los artes más bellos y que requiere gran preparación.

Manuel de Falla, compuso una pieza de guiñol, "El retablo de Maese Pedro; Federico García Lorca, enamorado del teatro, investigó el mundo del títere y escribió obras en las que aparecen marionetas: Títeres de cachiporra, La zapatera prodigiosa o El retablillo de Don Cristóbal. Christoph Gluck, Haydn, Gozzi, etc., escribieron obras de guiñol. El títere fue admirado y estudiado por muchos intelectuales del siglo XIX, y es en este momento donde pasa a formar parte del entretenimiento infantil.

Si pienso en los juegos de mi infancia, recuerdo cuando con trozos de tela y con garbanzos, creaba la familia de Don Garbancito, aprovechaba esa parte de la legumbre picuda para que fuera la nariz y según el tamaño construí el padre, la madre, los hijos, la abuela, los vecinos. Después inventaba historias fantásticas en las que ellos eran los protagonistas. Un poco más mayor, mi padre me llevó a ver los títeres del Retiro y pensé, que aquellos "mayores" me habían pisado la idea, porque aunque de modo más sofisticado ellos estaban haciendo lo mismo que yo con mis garbancitos. Y es que quizás, el títere surge en el ser humano de manera innata.

Los niños desde muy pequeños se meten en las obras de los títeres, cantan, aplauden, escuchan y sueñan. Porque el arte del títere sólo surge cuando dos aceptan las reglas de un juego y se produce una unión "mágica". Todos sabemos que detrás de cada muñeco hay un hombre, que un muñeco no habla, que aquello es irreal... pero si se quiere y te dejas asombrar, la realidad cobra otra dimensión. Nadie como un niño para aceptar las reglas de un juego.

Todos lo fines de semana, en el Retiro, se juntan cientos de niños y adultos para contemplar los guiñoles de Titirilandia. Allí escuchan historias asombrosas que despiertan su imaginación, conviven durante una hora con otros niños que al igual que ellos disfrutan, aprenden a escuchar, a creer y a imaginar ¿Se os ocurre mejor actividad para un niño? Durante todas las Navidades, a la una de la tarde, tenéis guiñol en el Retiro. Puede ser el mejor regalo de Navidad.

Texto: Paloma Merino



No se conoce con exactitud de donde proviene la palabra títere, en otros idiomas el vocablo que emplean deriva de la palabra muñeco. Antiguamente, a las marionetas se les ponía una lengüeta metálica que realizaba un ruido parecido a Ti-Ti-Ti, puede ser que el ingenio de nuestros antepasados lo acabara denominando títere como onomatopeya del sonido.